A veces no se sabe con quién juega, si con el club que le paga o a favor del adversario. Lo de ese larguirucho con cara de Boris Karloff que cobra 11 millones fijos por temporada y otros dos como variable, más que Cristiano, no es sencillo de entender. Por si no bastara con su nula presencia en el encuentro de la pasada semana en Turín, ayer ratificó en el Bernabéu que es una catástrofe sin paliativos, como poco antes de pedirle la dimisión el Rey Juan Carlos dijo del presidente de gobierno que heredó del caudillo.
Gareth Bale, que así se llama el muchacho galés que tiene encandilado a un paisano comentarista del Canal Plus, puede pasar del alarde físico espectacular, como el que desplegó en el gol que valió al Madrid la anterior Copa del Rey, a la indolencia, actitud más que frecuente. Y cuando no, a la contumacia en los errores, como la pasada noche. De cuantos remates hizo, sólo uno fue a portería.
¿Acaso no jugó mejor el Real esta temporada durante los meses en que el galés estaba de baja? La espectacularidad no cuenta, sobre todo cuando es estéril. Los partidos se ganan con goles y dando juego a los compañeros, no quitándoselo como ayer hizo en varios remates de cabeza. Continue Reading ▶






