Política frente a marketing

El marketing político crea monstruos incomprensibles.

La política tiene cedido al marketing su papel organizador de la convivencia y progreso de los pueblos. No sólo aquí; de hecho, qué fue aquello de las armas de destrucción masiva con que entramos en el siglo XXI, aún aturdidos por la masacre de la yihad en las torres de Nueva York, sino una operación de marketing global. A falta de proyecto, principios y buenas razones, las leyes del marketing se hicieron con el relato y siguen conduciéndolo.

Aquí la cuestión ha llegado al zénit de la mano de Sánchez, personaje para quien no hay más política que la sucesión de spots vertebrados por un único móvil: la satisfacción de su apetito desaforado de permanencia en el poder. Salvo el poder todo es ilusión, que dijo Lenin. Continue Reading

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Sindicato de Manteros

Mbayé refuerza la lista de Iglesias para hacerse con la Comunidad de Madrid. Extraña ilusión.

Resulta que existe un sindicato de manteros. Sí, de manteros, esa troupe de sin papeles que vende por las calles material falsificado de marcas de lujo. Todo libre de impuestos, naturalmente. Extienden en la acera una manta, montan su escaparate portátil y ¡a vender!, que son dos días.

Nada que ver con los laboriosos fabricantes salmantinos de Béjar, famosos por sus mantas merinas o de mohair, hoy en riesgo de extinción. Nada que ver; lo de los manteros del sindicato es cosa de la nueva política, afincada en el barrio madrileño de Lavapiés. Continue Reading

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Esto no tiene remedio

Vicepresidente y ministra, pareja con tres hijos. Lo de Nicolás y Elena Ceausescu no era una democracia.

Con Mi Persona en Moncloa, la situación que sufrimos no tiene arreglo. Es decir, mientras el embeleco dure los españoles estaremos pagando la incapacidad y chulería mendaz de un aventurero camuflado bajo la capa de un partido de Estado, respetable durante la Transición. Pero esto no es el partido socialista, esto no es socialdemocracia; esto es, simplemente, una peña choteándose del país al grito de ¡a vivir que son dos días!

Ayer el personaje dio una lección magistral en el Congreso de hasta dónde pueden llegar las malas artes para mantenerse en el machito. Le pregunta el jefe de la oposición, responde insultando sin causa, le contesta con datos verificados, y replica que Casado sólo sabe insultar. Continue Reading

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Hay que ver, hay que ver…

Las fuerzas sanchistas se aprestan a la batalla por Madrid.

Jacinto Guerrero, uno de los últimos autores de zarzuelas y revistas, puso música a un libreto de José Román Martín y nació “La Montería”, alegre comedia musical en la que la soprano, espantada al ver lo que tenía que ponerse, cantaba “Hay que ver, hay que ver / las faldas que hace un siglo llevaba la mujer… / Hay que ver mi abuelita la pobre, qué faldas usaba…”/ etc.

Al pelo, viene al pelo. Ya no se usan miriñaques, incluso el uso de las faldas parece haber caído víctima de la estupidez igualitaria que predica un grupo de iletradas atrincheradas ¡en un ministerio! No; ahora el asombro diario nos lo provoca ese chiquero de artimañas que seguimos llamando el mundo de la política. Continue Reading

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Tránsfugas de la partitocracia

 

Dice la ministra portavoz, a la par que de Hacienda, que “es de una gravedad extrema que se tolere el transfuguismo”. Claro que el transfuguismo bien entendido bien merece acuerdos, brindis y palmas como los que celebraron en Murcia sanchistas y arrimados hace una semana. ¿Pero acaso los pobres ciudadanos tentados con una presidencia, alcaldía o lo que fuera menester no estaban pasando de uno a otro bando?

La ministra Montero, siempre fina de análisis y cuidada expresión, ha dejado sentado que quien se pase a su oposición, a los populares, es sujeto de extrema gravedad. Iglesias añadiría que quien los recibe es un criminal. Continue Reading

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Iglesias y el salto de la rana

¿Qué fue de tantos sueños perdidos, tanto progreso, tanta unión?

Si lo de Iglesias termina como las apuestas indican serán dos las víctimas de los enredos que se traían Arrimadas y Sánchez: los dos partidos representantes de aquella “nueva política” que resultó viejuna antes del descanso. Ciudadanos y Podemos pasarán a la historia, pequeñita, como factores de desestabilización en momentos de tribulaciones sin cuento.

De Arrimadas no hay mucho más que hablar. De hecho, todo estaba dicho después de la infausta administración que hizo de su triunfo electoral en Cataluña, hace unos años, y que acaba de pagar en las siguientes elecciones. Puro blandiblú.

Lo de Iglesias es harina de otro costal, o mohína mejor que harina para ser más preciso. Con las trazas que acostumbra, se ha mantenido un año y pico en el club más exclusivo del país, el llamado Consejo de Ministros; ciento noventa y ocho años de antigüedad. Pero el socio ha terminado harto, aburrido de no verse en las primeras páginas ni abriendo el prime time de las televisiones. Así no era el asalto a los cielos que predicaba a sus inscritos.

Y, además, ahora viene lo que sin duda llegará: más muertes y más paro. Pies para qué os quiero, ha dicho, y como el viejo que saltó por la ventana y se largó, el de la novela de J. Jonasson, Iglesias ha tomado el olivo. Lo hizo hace un año cuando, tres meses después de proclamar “asumimos esta tarea con el máximo compromiso” (el control de las residencias geriátricas y la distribución de 300 millones), dijo que él nada tenía que ver con esas residencias.

¿Pensaría ya entonces en saltar a la arena madrileña? Porque al responsabilizar a las autonomías de las veinte mil muertes registradas puso toda su vis actoral en contra la presidenta Díaz Ayuso. La propia televisión pública desmontó el embeleco: la incidencia en Madrid, un 37%, era menos de la mitad de las registradas por comunidades como Extremadura y Aragón.

Agua pasada, sí; pero ¿perseguirá algo más que librarse del ajuste que habrá de llegar? ¿Habrá soñado con sobrepasar al sanchismo en Madrid, o le importa todo una higa y vive para saciar ese extraño síndrome entre napoleónico y chavista, que le impele hacia las más altas cumbres? Después de romper el pacto de progreso asombra su capacidad para dictar al jefe del Ejecutivo cómo tiene que rehacer su Gobierno. Aunque más sorprendente es aún la humillación de Mi Persona acatándolo.

Iglesias se tomará como placer de dioses reventar cuanto se atraviese en su carrera hacia la urna. Comenzando por Gabilondo, si es que Mi Persona no descabalga a Ábalos como hizo con aquel titular de Sanidad de estéril sacrificio. Con el resto, ya se sabe: todos fascistas.

Un comunista oficiando de inquisidor sólo cabe en la España de la “nueva política” que hoy parece a punto de morir para descanso de propios y extraños, porque el espectáculo que estamos ofreciendo al mundo es como para que un francés nos dedique otra ópera. Bufa, naturalmente, en la que sobre la arena de la plaza de Galapagar, un nuevo Escamillo, ahora de moño, barba y pendientes, culmina su faena con el heroico salto de la rana de El Cordobés.

Los aires de fronda que se han levantado tal vez limpien los restos de lo vivido como una pesadilla. Con mayor inteligencia de la empleada durante muchos años podría reconstruirse el bipartidismo imperfecto con el que el país se las arreglaba bastante bien. ¿O no?

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