Un golpista en La Moncloa

David Sánchez declarando ante la magistrada Biedma.

El primer ministro no tiene empacho en manifestar su repulsión a la sede de la soberanía nacional. Se ha jactado de gobernar al margen del parlamento, por ello esquiva el control de las cámaras hasta el punto de no haber sometido a debate el estado de la nación durante toda la legislatura, ni sometido las cuentas públicas para su aprobación. Y ahora, al fin afirma que el parlamento no representa a los españoles. Que la verdad está en la calle.

La calle era el señuelo de aquel personajillo que puso de vicepresidente en su primer gobierno. Recordar lo de que le quitaba el sueño sólo pensar en contar con él, antes de que en horas cuarenta y ocho sentara a su lado al comunista, ilustra sobre la catadura ética de Sánchez. El apestado y redimido en cuestión de horas era Iglesias Turrión, el arúspice que calificó a Zapatero de “referente progresista mundial”.

Tras el fracaso de su aventura, la calle es la salida por la que pretende reencontrarse un primer ministro acosado por la investigación de la Justicia, las informaciones de los medios y la propia opinión pública; la de su calle, sí.

Y calle adelante atropellará cuanto se le ponga por delante en este mes y medio. Todo, desde el patrimonio nacional que sin cuentas ni control esquilma para comprar votos con desvergüenza rayana en ultraje. Jóvenes y viejos, funcionarios y, por si faltara algo, aire al salario mínimo, cada vez más próximo a la depauperada media salarial del país, o sea de la calle.

Los atropellos no pararán ahí, ni en los juegos con el censo.  Pagados los compromisos que vendió para sentarse a la cabecera del banco azul del Congreso, tras las amnistías a cargo de su s.s. Conde-Pumpido, llega la hora de los indultos y la Justicia será de nuevo burlada el perdón de aquel otro seguro servidor y fiscal general, García Ortiz.

Pero la realidad tal vez se torne más dura y nada sirva para salvar ni las apariencias. La imputación de su partido como artífice de coacciones, si no de crímenes, además de su financiación trucha, sería el gran número final de la aventura de un sujeto sin conciencia ni vergüenza.

Lo sucedido en tierra pacense para cohibir el juicio de David Sánchez Pérez-Castejón es el colmo de lo impensable en nuestra sociedad. Ahora ni siquiera se trata de eliminar terroristas, no. Echar mano de sicarios para silenciar o eliminar a una magistrada acredita la expulsión de la vida civil de esta banda canalla, con su jefe al frente.

Y además, golpista.

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Posted viernes, octubre 9th, 2026 (55 minutes ago) under Política.

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