Leer el proyecto de resolución que los de Pujol, Mas y Durán han acordado con los republicanos de la izquierda catalana es una buena forma de comprender hasta dónde ha llegado la inmersión nacionalista puesta en marcha cuando caducó su lealtad constitucional, hace cosa de veinticinco años. Además de la pérdida del sentido de la realidad que aqueja a sus promotores, la solemne declaración acredita que tampoco saben escribir. Porque ni el pueblo de Cataluña ha expresado democráticamente nada –será una parte del mismo-, ni la soberanía democrática que su parlamento acuerda declarar puede ser sujeto político y jurídico de nada. El recorta y pega con que mentes tan preclaras están afrontando el desafío de construir un nuevo Estado en la Europa del siglo XXI parece que no da para más.
¿De qué va esto, más allá de echar día a día paletadas de arena entre los rodamientos de un país cansado de aguantar tanta chulería? El asunto está calentado una curiosa polémica sobre cómo enfrentar tamaños despropósitos. Para unos –entre los que a veces me cuento- esta es una pequeña historia de patas tan cortas como la mentira, que no merece mayor atención; como los suflés, acabará desinflándose. Para otros –entre los cuales también a veces me sorprendo- no es hora de templar cornamusas ni tenoras sino de aplicar la ley. Es decir, de llamar al pan pa y al vino vi. Pero ay, el conjunto de la nación tiene bajas las defensas. Continue Reading ▶






