Hasta el punto de no retorno

Probablemente a Rodríguez Zapatero, en caída libre ante el electorado, ya sólo le importe asegurarse los votos de las minorías para llegar hasta el final. O al menos alcanzar ese punto de no retorno en que resulte poco menos que imposible retirar su candidatura a las próximas elecciones, como Felipe González ha advertido.

En ese afán por rebañar escaños, a los de CiU podría sumar en dos meses más los del PNV. Sólo tiene que eliminar los obstáculos judiciales para que batasunos y etarras puedan presentarse a las próximas elecciones locales.

La insólita capacidad para reinventarse le permite al presidente del gobierno español decir una cosa y la contraria en veinticuatro horas y siempre con la misma solemnidad.

El stop al endeudamiento de los gobiernos regionales que exhibió ante la canciller alemana saltó ayer por los aires cuando levantó la barrera al presidente de la Generalitat catalana para refinanciarse por cerca de 800 millones de euros (mil millones de dólares). Ante el escándalo que propios y extraños montaron por tamaña informalidad, doce horas después manifestaba en el Congreso de los Diputados que el grifo estaba abierto para cuantos tuvieran sed.

De momento no consta reacción de los vigilantes europeos que le aconsejaron un poco de seriedad con el déficit público.

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El drama del candidato Frei

El mejor termómetro para evaluar la temperatura de un puchero electoral lo constituyen las declaraciones de sus cocineros, de los implicados. O de los complicados, como es el caso del secretario general de la OEA. El alto funcionario internacional residente en Washington se bajó hasta su país natal para acompañar durante unas horas la campaña de su ex presidente, el candidato oficialista senador Frei Ruiz Tagle.

Y el funcionario internacional salió tan espantado de su inmersión en la política doméstica que lejos de apoyar a su amigo Frei lo hundió declarándolo perdedor. Con amigos como Insulza, el senador no precisa de enemigos. Aunque tal vez su peor enemigo haya estado en su propio comando; incluso dentro de sus propios zapatos. El senador no puede mantenerse en campaña colapsado como en el debate último.

La falta de capacidad de respuesta a cuestiones tan elementales y previsibles como el por qué de no haber visitado la Auracanía, o la ingenuidad necesaria para reprochar en medio del debate a ME-O su candidatura y pedir su retirada para impedir el triunfo de la derecha son sólo ejemplos de lo que no puede permitirse un candidato a la presidencia de un país. Y menos si éste cuenta con ciudadanos con el suficiente grado de ilustración como para que buena parte de los votantes puedan adelantar réplicas pertinentes a tales desatinos.

El señor Frei Ruiz Tagle fue un presidente honorable. En sus seis años hubo de todo, más bueno que malo en la primera parte del mandato y viceversa en los dos últimos años. Una crisis económica y el siniestro espectáculo del viejo dictador en Londres depreciaron el saldo final de su presidencia. En cualquier caso, el personaje no se merece esto.

Hoy está viviendo el drama de los encadenados a un destino ciego. La coalición que le sustenta está rota e incluso tiene otro candidato, oficioso, revestido de renovador, como si fuera la oposición. Quienes le empujaron a presentar nuevamente su cartel pensaron sobre todo en impedir una tercera presidencia socialista. Y para perder, que se queme don Lalo, dijeron muchos visto el desgaste de veinte años de Concertación en el poder. Con mimbres así, el cesto del candidato Frei llegará vacío a diciembre. Si es que llega.

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Rajoy abrió la puerta

Lo sucedido la pasada semana en torno al caso Correa ha sido letal para el presidente del PP. El liderazgo no admite vacíos, lo que el líder ordena se cumple, y quien le plante cara la pierde en el acto.

El líder deja de serlo cuando un pijo que venía ejerciendo de secretario regional del partido le reta en conferencia de prensa convocada para decir que no piensa hacerle puñetero caso. Y si el presidente de esa organización regional no ejecuta lo que se le ordena, es que ya no se le respeta.

Con lo ocurrido Rajoy perdió la ocasión para imponerse definitivamente como referente del cambio necesario.

Primero, en su propio campo, liderándolo sin ambages, sacando de sus filas a los indeseables que se hayan nutrido de la mierda que corre por los albañales de la sociedad actual. Uno a uno, y por su orden. Sin excusas procesales, exigiendo lo que a él compete, responsabilidades políticas. ¿Qué estupidez es esa de que mientras no haya imputados…?

Y ante todo el país, denunciando alto y claro la última maquinación del Gobierno para distraer la atención de lo fundamental y, de paso, laminar la única alternativa real. Claro que el chorizo de Correa existe, que Bárcenas es un extraño senador, que docena y media de militantes populares ha envilecido la política; todo eso parece cierto. Tanto como la explotación planificada de las pesquisas policiales, las escuchas ilegales del juez de siempre, los intentos de la fiscalía de borrar cuanto exculpe a los expuestos en la picota, y, en general, la violación de las garantías jurídicas que asisten al ciudadano.

No habiendo hecho nada de todo ello, el propio Rajoy ha abierto su puerta de salida. No es mal momento, Zapatero no osará abrir las urnas a cinco millones de parados. Hasta el 2011 queda un buen rato.

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El gran debate

Y entra ahora en escena el de Justicia para decir que al Estatuto catalán hay que aplicarle el mismo principio que a los sospechosos; ¿por qué negar al Estatut la presunción de constitucionalidad? No consta que la ocurrencia se debatiera en el sínodo socialista del sábado último; en realidad sólo consta que no se debatió nada.

El único debate es el que enfrenta al otrora grupo amigo con la presidencia, pero éste no traspasa las bambalinas de los medios. El poder se siente asistido por la gracia de algo o alguien tan poderoso que todo le resbala, por fuerte que se torne la discusión. De aquella portada dominical con la llamada de socorro “El país a la deriva”, ilustrada por un zangolotino con el timón entre manos, han pasado en una semana a lindezas como llamar funámbulo al mismo timonel, ahora descrito como un veleidoso promiscuo de geometría variable que practica la bigamia más versátil y voluble para mantenerse en el poder. Homérico.

Que un ilustre colaborador del primer diario del país, durante años debelador implacable de la oposición, siga hablando de la adúltera estrategia y del presidencialismo centrífugo de Rodríguez Zapatero sería grave si este país tuviera una sociedad libre y educada, raíces éstas, la libertad y la educación, de una opinión pública responsable. Pero nada ocurre; la sociedad de nuestros días, adormecida por las subvenciones públicas está engolfada en los reality-shows. Y así van las cosas.

La secretaria de organización socialista salió del cónclave del último fin de semana asegurando que” juntos y juntas” de esta crisis acabaremos saliendo si confiamos en el gran timonel y haciendo oídos sordos a los cánticos de sirenas, del Consejo de Estado y de la Comisión Nacional de la Competencia.

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El pesidente se supera

“¿Por qué se lo pediremos?, porque es razonable”. He ahí la razón de la subida de impuestos en boca de su propio autor. Lo del presidente del Gobierno -¿hasta cuándo?- es cada vez más sorprendente. Se supera a sí mismo como no constan precedentes en la historia de las naciones. Sube los impuestos porque es razonable. No los sube en función de una estrategia definida; sólo para tapar la boca a la izquierda cuyos votos trata de rascar. No los sube en la cuantía precisa para afrontar tal o cual agujero; sólo porque hay que hacer que algo se hace cuando ha metido al país en la peor recesión de su historia reciente. Al tiempo.

Mintió hace pocos meses asegurando que no los subiría. Mintió hace un par de días queriendo tomar tiempo tras el globo sonda lanzado por su ministro de Fomento. Miente ahora cuando afirma que sólo tocará la cartera de los ahorradores con activos financieros. Al tiempo.

Con eso, y quitando a los llamados “ricos” la insólita subvención de los 400 euros para apañar votos en las pasadas elecciones, no va a ninguna parte. Mejor dicho, va de mal en peor. Un primer ministro no tiene por qué ser experto en política económica, pero ha tenido tiempo para comprender que los euros que apañará por esta vía los perderá en la menguante recaudación global del sistema. Al tiempo.

Y además tiene el tupé de decir solemne y desde Suecia, que las ref ormas se harán por Ley. Lo que faltaba. Que no perdiera las cuatro tardes que Jordi Sevilla le recomendó dedicar a la economía, pase; pero no tiene pase que el profesor de derecho constitucional, que al parecer lo fue en León no aprendiera que las de impuestos fueron precisamente las primeras leyes de los primeros parlamentos. Para los ciudadanos la cuestión es más seria que la TDT.

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Juegan con fuego real

De un lado, los socialistas del Gobierno echan más leña a la trituradora diseñada para liquidar a la oposición. Ésta responde denunciando el abuso que aquéllos hacen de las instituciones estatales. En el medio, el común asiste perplejo a esta extraña batalla campal de la que sólo quedarán escombros; escombros del marco político disfrutado en los últimos treinta años. ¿Hay alguien capaz de arriesgar lo que sea menester para restaurar la normalidad ciudadana?

El aprendiz de brujo y sus bomberos pirómanos quisieron superar a Blair con una cuarta vía a la española, pero lo que realmente han abierto es una vía de agua de impredecibles consecuencias. Por el momento la nave navega sin rumbo cierto; los puntos cardinales son cosa del pasado.

Ahí está el manejo de la crisis económica, desde los insólitos presupuestos estatales aprobados para no ser cumplidos, hasta el Plan E, pasando por la incapacidad para encauzar un diálogo social de mínimos; o la política exterior, pueril y pendular como los andares del abrazafarolas. Qué decir de la armonización autonómica, de la Educación, o de la política cultural. ¿Y de las sandeces que emite el ministerio de Igualdad, hasta con rango de ley en algunos casos?

Por no entrar en otras cuestiones –la reescritura de la guerra civil, las relaciones con la iglesia romana, el aborto, etc.- con que los bomberos pirómanos atizan fuegos fatuos para sustraer del debate nacional el verdadero drama del paro, la inseguridad ciudadana, la incivilidad y demás derivados de la situación que arruinan la convivencia.

Queda la Corona. Para un republicano, y así se proclama nuestro primer ministro, la entrada en escena del gran moderador podría marcar el principio del gran final; el triunfo definitivo del adanismo. ¿De eso se trata?

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