Economía sostenible, democracia orgánica

Como los trileros, engañar es el primer objetivo de quienes tratan de vender lo que no tienen; en su caso, con un eslogan. Los gerifaltes del franquismo hicieron fortuna y ganaron muchos años con aquello de la “democracia orgánica”.  El invento no fue suyo; dos décadas antes Salvador de Madariaga había llamado así a un teórico sistema representativo basado en las organizaciones sociales frente a las de clase que estaban arruinando la segunda república. Pero el régimen de Franco lo hizo suyo hasta terminar auto definiéndose así.

La “democracia popular” fue otro engañabobos; precisamente los pueblos fueron  quienes sufrieron sus consecuencias en media Europa hasta bien recientemente. La “democracia socialista”, soviética o cubana, como su epígono chavista-bolivariano del “socialismo del siglo XXI”, son otras tantas formas de meter gato por liebre. Como lo de la “economía sostenible”, último reclamo del gobierno Rodríguez Zapatero.

La factoría propagandística del régimen actual parece decidida a diversificar sus mensajes. Ahora, además de poner en la picota a la oposición, toma la Economía como material de trabajo. Obvio cuando la crisis es el primer motivo de preocupación de los españoles que ven como otros comienzan a dar señales distintas de las que emite nuestro país.

Y otro tema sensible es la sostenibilidad. No sólo la del planeta, ni siquiera la del progreso económico, sino la del trabajo de cada uno del ochenta por ciento que aún lo conserva. Pues verde y con asas: “economía sostenible”

Pero no hay cuidado,del nuevo bálsamo de Fierabrás el gabinete tiene más que el envase, el nombre.  En tiempos de bonanza fue la Alianza de Civilizaciones. Ahora es la Economía Sostenible. El arma definitiva contra la crisis.

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Cada treinta años

En el Foro de la Sociedad Civil decía el lunes en Madrid Víctor Pérez Díaz que los problemas de hoy tienen difícil arreglo; es más, apuntó  que probablemente estemos en el final de un ciclo iniciado hace treinta años, tan brillante o más para la convivencia, la modernización y desarrollo socioeconómico del país como lo fueron períodos semejantes en los dos siglos anteriores. Y ponía como ejemplos los treinta primeros años del reinado de Isabel II, cuando comienza a construirse el Estado liberal tras el extemporáneo absolutismo fernandino, y el período que a caballo entre los dos últimos siglos inicia la restauración canovista y cierra la dictadura de Primo de Rivera.

A partir de ahí uno se pregunta si nuestros días terminarán como aquellos anteriores paréntesis de libertad y progreso, los únicos que este país llamado España conoció en doscientos años.

¿Será posible que esta sociedad sea incapaz de vivir más allá de treinta años en paz consigo misma?

La Transición fue un gran ejercicio de concordia. Los recuerdos bárbaros de la guerra civil contribuyeron a trenzar un consenso inaudito en nuestra historia. Se constitucionalizaron cuestiones que, perdidas la generosidad y buena fe de aquellos años germinales, han contribuido a provocar lo que pasa. Por ejemplo, la partitocracia.

Los partidos sacados entonces con fórceps de la nada para racionalizar los primeros procesos electorales han acabado monopolizando los principales resortes de la sociedad. Además de laminar la separación de poderes, por supuesto. Su metástasis y el caciquismo que provoca en militantes y votantes hacen poco menos que milagrosa una regeneración interna del sistema.

Consolémonos con  Churchill y aquello de esto no es el final, ni siquiera el principio del final, pero quizá sea el final del principio. En una de esas nos hacemos normales.

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CNI en la Habana

El Gobierno español no explicará la expulsión de Cuba de tres agentes del CNI. Ni tampoco la detención el 14 de febrero de otro, cubano de nacionalidad y contratado por el gobierno de Ibarreche para la promoción allí de empresas vascas dada su amistad con el defenestrado zar económico Carlos Lage.

Sería conveniente conocer la relación entre la detención de Conrado Vázquez el 14 de febrero en el aeropuerto de la Habana, la destitución fulminante a los 17 días de dos estrellas del gobierno cubano, Lage y Pérez Roque, y la expulsión la pasada semana de nuestros tres espías. Sí, sería conveniente.

La cuestión es políticamente relevante para los intereses españoles. No sólo para los económicos implicados a través de las empresas que allá operan; también para los intereses generales, esas razones que deberían mover la política del Estado.

Los datos apuntan a que Carlos Lage, hasta el 3 de marzo virtual primer ministro de Cuba, y Pérez Roque, ex secretario personal de Fidel antes de acceder a la cartera de Exteriores, fueron fulminados por Raúl/Fidel tras ser revelados los inmisericordes comentarios que ambos hacían en la casa de recreo de Conrado Vázquez.

¿Quién informó a las autoridades cubanas de aquellas desenfadas noches de copas en Matanzas?

Descartado que nuestro presidente hubiera querido ganarse la confianza de los Castro, la hipótesis más sencilla es que Vázquez trabajaba a dos bandas, para el CNI y el G-2 cubano, además de cobrar del gobierno vasco. Otra, que el G-2 se hubiera infiltrado entre los agentes españoles en la isla, o lo esté en la central del CNI en Madrid. Contemplar la intervención de terceros, la DGIM venezolana, como en su día barajó el ex canciller mexicano Jorge Castañeda, nos complicaría aún más el panorama.

¿Tendremos nuestro servicio de inteligencia trufado de socialismo del siglo XXI?

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Carta de los Magos a Rajoy

No, de momento no vamos a echarte la Encuesta de Población Activa que llevas pidiéndonos tanto tiempo. Antes tendrás que hacer los deberes y no seguir paseándote por ahí, silbando y manos en los bolsillos, como si ya tuvieras el curso aprobado. Aún falta mucho.

Antes deberás explicarnos, a nosotros y a todo el colegio, qué harías tú con esa EPA de tus sueños; porque si tienes pensada alguna solución al macabro panorama que va a adelantar, sería bueno que nos la contaras, para trasladársela nosotros a los que mandan y no aciertan ni cuando se equivocan.

Piensa Mariano que estos pueden causar tal estropicio entretenidos con el sudoku nacionalista y los buses que animan a los barceloneses ser felices porque en una de esas Dios no existe, que acabarán dejando la cosa imposible para vos y para mí, como dice Mejía a Tenorio. No esperes a que lluevan votos del cielo; lo del maná hace mucho que no se practica y dudamos de que nos volviera a salir.

Hay quienes piensan que está por ver cómo ponéis sobre la mesa una primera idea propia para ir adelante. Ni una se os ha visto; os dedicáis  a pinchar en los huesos que os ponen por delante y os olvidáis de que lo importante es la aceituna. Así no llegarás a ninguna parte.

Esto en que te metió Aznar y que tal vez haya llegado a gustarte, es mucho más exigente que tus antiguas oposiciones. Aquí no eres tú el que corre hacia la Presidencia del Gobierno, es media España la que marcha detrás de ti, y si no vas a su paso, si tú no marcas el ritmo, acabarás arrollado.

Como escribió Kissinger en sus memorias, el líder siempre va unos pasos por delante pero ni tan lejos como para que sus seguidores le pierdan de vista, ni tan cerca como para ser atropellado por ellos.

De eso va, Mariano, de ser líder. No es fácil y frecuentemente no tiene el reconocimiento debido. Recuerda a Churchill, por ejemplo. Y es que como dijo Lao Tsé, cuando el trabajo de un líder concluye, la gente dice: ¡lo hicimos!

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El ala oeste y los Reyes

No lo dude. Si le gustan las buenas historias, si añora otras formas de hacer política, un mundo mejor; si le aburren hasta morir las cadenas de televisión, pídales a los Reyes Magos la edición completa de “El ala oeste de la Casa Blanca”, The West Wing.

Durante siete años, veintidós capítulos por año, Aaron Sorkin y sus colaboradores han contado cómo funciona por dentro la Casa Blanca, esa mansión de aspecto colonial que en medio de la avenida Pensilvania de Washington aloja a la presidencia de la gran potencia.

En ciento cincuenta horas usted recorrerá los vericuetos de los ocho años de mandato de un presidente singular, demócrata, católico y economista con premio Nóbel incorporado. La última temporada se centra en todo lo que rodea a las elecciones que darán paso a otro presidente, demócrata también e hispano. No afroamericano, como Barry Obama, pero sí como éste rompedor de esquemas caracterizando el ascenso de una minoría racial.

En el Ala Oeste, sede de las oficinas ejecutivas de apoyo al presidente de turno, se concentran cuantos tópicos, inquietudes y conflictos puedan vivir el medio centenar de colaboradores directos del jefe de gabinete. Y sobre las peripecias sobrevuela ese aliento ético que usted y yo echamos tanto en falta cada semana.

No es casualidad que la serie en cuestión aquí nunca haya gozado de demasiadas facilidades para llegar al espectador; ni en estos cinco últimos años ni tampoco en los dos anteriores, cuando tras su estreno en la primera de la televisión nacional, pasada la media noche, fue despachada al segundo canal. Luego desapareció como el Guadiana por Ruidera, para reaparecer esporádicamente mal y tarde.

Aunque no fuera mas que por romper esa ley del silencio, pídase El Ala Oeste. Y verá que puede haber presidentes que no digan cursiladas como la de ZP ayer -“la frágil textura de las ilusiones humanas”-, candidatos que no mientan cada vez que hablen, o diputados capaces de mantener criterios propios porque representan a quienes les eligieron.

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Algo más que estupideces

Y emitido el exabrupto sobre la Corona, el nazionanista quedó feliz. Como feliz debió de quedar la semana anterior el vicesecretario general del partido en el Gobierno cuando echó en falta más sangre en Mumbai; sin olvidar a los estrategas gubernamentales que trataron de abrir el proceso Guantánamo al gobierno Aznar, y a los de otras tantas estupideces con que venimos desayunándonos últimamente.

¿De verdad serán estas las armas secretas de Rodríguez Zapatero para afrontar la crisis? Porque los actores que copan los escenarios de la vida nacional, incluida la SGAE que alimenta a la farándula adicta, sirven los mismos intereses del extraño partido que ampara incluso a personajes como el alcalde de Getafe.

¿En qué está cayendo la vida política nacional? Este país no se merece tanta insensatez. Quienes cobran por gobernarlo parecen empeñados en distraer la atención con señuelos cada vez más estrafalarios. Lo de la memoria histórica no fue suficiente; todo tiene sus límites y al fin y al cabo esto no es la Argentina de las madres de mayo.

¿Hasta cuándo el uso alternativo del derecho y demás burlas de la constitucionalidad vigente? La política de los gobiernos de Rodríguez Zapatero, y no cabe echar en olvido su campaña pertinaz contra las bases religiosas de esta sociedad, está produciendo una especie de anorexia social que será más difícil de curar cuanto más tiempo dure.

¿Remedios? Ninguno a la vista. Los nazionanistas como Tardá seguirán croando polifónicamente desde las charcas de los gobiernos regionales que mantiene en pié la clarividencia del señor Blanco; éste cultivará sus formas de dividir a la sociedad trocando al mero adversario en enemigo despreciable; el alcalde Castro volverá a calificar escatológicamente a los oponentes entre abrazos de sus conmilitones; el profesor Peces Barba seguirá zahiriendo a la Iglesia católica; y el juez Garzón pronto volverá por sus fueros.

Y así seguiremos en la pole position del paro mundial.

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