El bipartidismo, todo lo imperfecto que se quiera, es la expresión política natural en una sociedad desarrollada de nuestro tiempo en la que progresistas y conservadores, o socialdemócratas y liberales dicho de otra forma, concentran la gran mayoría de opiniones e intereses. Constituir los ejes vertebradores de la sociedad política es su responsabilidad, que dejan de cumplir cuando la partitocracia asfixia a la democracia.
El hecho es que no han sabido, querido o podido ajustarse a la realidad y desembarazarse de las ventajas que les fueron conferidas para levantar en medio de un erial político, hace treinta y seis años, toda una democracia parlamentaria.
La debilidad de un cuerpo social ajeno al ejercicio de sus responsabilidades cívicas durante cuarenta largos años ha hipertrofiado las funciones de los partidos, convertidos hoy en maquinarias de poder sin mayores contrapesos. La profesionalización de los militantes, convertidos en agentes políticos de su propio interés, ha producido un empobrecimiento penoso del Parlamento y de la propia alta administración del Estado.
Cómo extrañarse del eco obtenido por el “no nos representan” con que saltaron a la arena los últimos llegados al festín. Quién va a sentirse representado por los actores de un sistema que suma medio millar de encausados por la Justicia, o en partidos incapaces de concertar solución alguna para los problemas reales de los españoles, desempleo, corrupción, educación, etc.
Ni tampoco para cortar de raíz la secesión puesta en marcha por la felonía de un presidente regional. Continue Reading ▶






