Hoy conocemos parte del ayer, pero el mañana que está por llegar demostrará que nuestra capacidad de asombro es ilimitada. La realidad supera la imaginación, lo extravagante adquiere tintes de normalidad en el caso Zapatero.
Si todo se pudiera tapar en caja fuerte, como esa insólita colección de topacios y diamantes, las peripecias del personaje traerían al fresco al personal; pero no, ZP ha conseguido monopolizar su atención en calles y paseos, peluquerías, el café del carajillo a primera hora de la mañana, la cervecería con gambas y hasta en restaurantes estrellados. Todo un sinvivir.
¿Qué queda por llegar? se pregunta el personal que teme enfrentar una realidad que ya entrevé entre los comentarios e informaciones que le acosan desde hace semanas, meses, o tal vez más de uno o dos años.
Fiscalías y departamentos gubernamentales de Francia, Suiza y Estados Unidos dieron las alarmas a nuestras instituciones, lo cual da una idea de que lo que se investiga tiene sustancia.
Lo que parece más claro, el salvamento de la Plus Ultra, sus comisiones pactadas, cobradas y demás abalorios acabará estallando como una piñata mexicana de la que caerán contratos petrolíferos, reservas de oro venezolanas, dólares de fuentes non sanctas, negocios chinos y cuanto puede salir de una narco dictadura. Por cierto, las piñatas las trajo Marco Polo de China.
La presencia del Consejo de Ministros como colaborador necesario en la supervivencia de esa maquinita con alas de hacer dinero llamada Plus Ultra, es suficientemente relevante como para temer la implosión del poder ejecutivo nacional.
El carácter colegiado que tienen sus decisiones amplía la nómina de personajes involucrados para alcanzar a ministros hoy jugando papeles internacionales, como Nadia Calviño y Teresa Rivera, o en la barra de una taberna comunista, caso de Pablo Iglesias, vicepresidente de aquel segundo gobierno de Sánchez del que salió el último día de aquel fatídico mes de marzo.
En cualquier caso, el primer ministro que lo preside permanece agarrado al clavo ardiendo del blindaje de un Gobierno fantasmagórico sin capacidad para legislar, sin programa que ejecutar, sin brújula ni siquiera un norte al que apuntar.
Y lo que es aún peor: sin el valor para enfrentarse a la voluntad de la mayoría social. En resumen: sin vergüenza.

