El desbloqueo de relaciones Washington-La Habana es bastante más trascendental que la carrera de tonterías en la que compiten los agentes de nuestra política nacional.
Desde la pérdida de los últimos vestigios de nuestro imperio, todo lo que pasa más allá de nuestras fronteras ha importado bastante poco al español. La geoestrategia política no tiene aquí grandes analistas ni siquiera seguidores atentos. Si colapsa el precio del petróleo lo que se pregunta el personal es por qué el litro de súper para el coche apenas han bajado unas décimas. La causa del desplome importa tan poco como sus efectos, y así pocos son capaces de explicar en el café por qué algo que a los consumidores nos parece tan bien sienta tan mal a las bolsas. Por ejemplo.
Por ahí, por lo del crudo, puede andar una de las razones por las que Raúl Castro ha accedido a dar a sus súbditos el gusto de festejar como triunfo propio el final de las hostilidades. Un embargo, por cierto, menos real desde hace años que útil ha sido siempre a la dictadura para achacar al imperialismo sus fracasos; el acostumbrado enemigo exterior.
“Volvieron”, y las calles de La Habana aparecieron ayer mismo sembradas de una cartelería desaconocida en una país que carece hasta de papel, mientras la televisión recordaba la profecía de Castro I, “Llegará el día en que volverán…”. Continue Reading ▶






