Apenas unas semanas han transcurrido y lo de Cataluña parece cosa vieja, una página más en el grueso libro de nuestra Historia. Justamente un mes, sólo un mes, y la opinión publicada ya está en las ocurrencias preelectorales, las tensiones partidarias y otros abalorios con que los medios obsequian a diario para entretener al personal hasta el día de las urnas.
Pasará lo que vaya a pasar, y dos meses después los ganadores reclamarán los acostumbrados cien días de gracia cuando quienes perdieron denuncien las primeras promesas incumplidas.
Y así pasan los días, yendo de una a otra casilla sin mayor trascendencia y siempre a merced de quien maneja los dados, como si el país fuera el tablero de un gigantesco juego de la oca.
Lo realmente importante apenas ocupa tiempo de atención a quienes deberían servir de referentes a una sociedad necesitada de afianzar valores, de confiar en su papel en un mundo sometido a procesos de cambio, como siempre a lo largo de los tiempos, pero ahora más profundos y acelerados.
La cátedra y la academia, los creadores, institutos de opinión, ¿en qué andan, siguen ahí? La lucidez es un deber de los intelectuales, y la falta de claridad, un pecado, dejó dicho Popper. Continue Reading ▶






