Como tontos que se quedan mirando al dedo que señala a la luna, políticos de todos los colores llevan tres meses sin ver más allá del maldito juego del nacionalismo catalán. Los inventores de la matraca han triunfado. El país marcha a su aire -lo cual no siempre es malo- pero los encargados de resolver problemas y promover decisiones andan pasmados.
Los ciudadanos aguantan lo que no está en los escritos, y pagan con sus impuestos el bien vivir de sus representantes. Subyugados por las encuestas cada cual tiene su forma de hacer el ridículo, pero en algo coinciden todos: parecen ignorar los intereses generales de la Nación.
Andan… ciertamente no se saben en qué andan; los que tienen la posibilidad de mandar, no mandan y los demás ponen sus mejores esfuerzos en impedirlo. Ver a partidos significativos levantarse de mesas de diálogo, por ejemplo, es lastimoso.
El caso de la Educación es de libro; del libro en el que alguien escribió que hay que impedir la puesta en marcha de cualquier reforma propuesta por otro, o que toda iniciativa ajena ha de ser cortada de raíz. Continue Reading ▶






