Susana Díaz parecía otra cosa. Entró de la mano del imputado Griñan y algunos creyeron –entre los que me cuento- que en el PSOE se abría paso una nueva forma de hacer política. Sus manifestaciones iniciales rezumaban patriotismo, aroma fácil de aflorar cuando se trata de defender la integridad de España frente a los desatinos de un tal Mas y compañía.
Parecía que podría ser la palanca oculta del establishment nacional para enderezar las derivas que manifestaba su partido desde el aterrizaje de Sánchez en la secretaría general. Incluso que sajaría la gangrena de tantos niveles de su Comunidad infectados por una corrupción institucionalizada; y del partido. Pero no.
Los hechos no están confirmando nada de todo ello. Los parcialmente purgados lo han sido a golpe de auto judicial. Y así seguirán las cosas dado que las promesas de abandonar la vida pública hechas desde el aforamiento ante los tribunales de los imputados parece que bastan para que el partido de Rivera, ¿o de Juan Marín?, se dé por contento para prestarle el apoyo de sus nueve diputados.
Un tremendo error de cálculo le hizo precipitar unas elecciones que aún no han servido para formar gobierno, y va para tres meses que se celebraron. Quiso adelantarse al fiasco que las encuestas vaticinaban al PSOE en todo el país, al crecimiento de Podemos, emergente peligro por la izquierda, y aprovechar la debilidad del PP, ganador de los anteriores comicios. Se quedó a medio camino, sus expectativas fallaron, no consiguió la mayoría esperada. Continue Reading ▶






