Después de tantos dislates políticos, el presidente del Gobierno y del partido mayoritario en el Congreso, da muestras de haber comprendido la situación; la de su partido y la del país.
La gran novedad es que por vez primera trata de ser empático. El distanciamiento galaico, la frialdad con que ha toreado las cuestiones políticas habidas durante sus tres años y pico de mandato, se trocó ayer en un acercamiento franco a la realidad que vive la gente y a los temores que ha suscitado el cambio en las administraciones locales.
Por fin sale de su boca que la buena gestión económica no basta para ganar, ni bastará mientras sigan abiertas las heridas de la crisis; y que la corrupción les ha pasado la factura que pretendían ignorar. Apreciaciones ambas que eran una constante en todos los análisis realizados en el último año sobre el país, ante la cual los populares hicieron oíos sordos.
La pérdida del poder local que han sufrido tras unas elecciones insuficientemente ganadas y por lo tanto a efectos prácticos perdidas, parece haber operado en Mariano Rajoy efecto similar al que experimentó Paulo de Tarso al caer de su caballo. Pero renovar su puesto en el altar de la Presidencia precisa de elementos que van más allá de la conversión. Continue Reading ▶






