Tras los escándalos provocados durante años por tantos sinvergüenzas y chorizos, y sufridos por el común como pedrisco, llega ahora una nueva modalidad de corrupción. Es la corrupción mental que amenaza con cargarse los cimientos éticos de toda democracia, si es que alguno queda.
No es cosa de ayer la degeneración de la moral y las costumbres, viene de lejos; pero han bastado tres o cuatro días para ver cómo los nuevos inquilinos del poder local se aprestan a socavar definitivamente las raíces de nuestra cultura, incluido el sistema con el que estamos viviendo la convivencia nacional más dilatada y próspera.
No es tremendismo denunciar los excesos de algunas autoridades recién instaladas en las instituciones locales. Cuando la alcaldesa de Madrid, por ejemplo, defiende la continuidad en su equipo de la concejala portavoz Rita Maestre está provocando una suerte de esquizofrenia en sus conciudadanos.
“Si una persona está imputada no tiene la obligación de decir la verdad ante el tribunal”, explicaba recientemente la ex jueza, “por lo que debe inmediatamente dejar su cargo porque no puede mantener la estructura de confianza con los que le han votado”, seguía. Pero ahora dice Diego donde dijo digo, y aclara que eso sólo vale para los imputados por delitos de corrupción… económica. Continue Reading ▶






