Lula da Silva tuvo a su favor esa corriente de simpatía que suele llevar en volandas a los humildes que vuelan alto. El gran jefe del PT brasileño presidió los años de despegue de aquel inmenso país siguiendo políticas que poco o nada tenían que ver con lo que se presumía de un rojo sindicalista. Cierto es que la derecha parlamentaria apoyó sus gobiernos con mayor entrega de la que disfrutó su predecesor, el socialdemócrata Cardoso.
Rojo por dentro y blanco por fuera, o viceversa, mientras los banqueros le aplaudían, Lula rechazaba los tratados de libre comercio con Estados Unidos, “ALCA, alca, al carajo”, para montar su zona de influencia con los compadres bolivarianos, incluidos los Kirchner. Eran los tiempos más felices del UNASUR Y CELAC. Chávez se fue, llegaron Maduro, la crisis y estalló la corrupción.
Dirceu, su mano derecha y presunto sucesor se metió en todos los charcos, desde comprar parlamentarios para asegurar el mandato de Lula hasta llevarse al despacho dinero de Petrobras, Odebrecht y otras grandes compañías.
Pero al igual que en Cataluña la mano derecha de Pujol, un tal Mas, nunca supo nada de las comisiones de su partido ni de paraísos fiscales, Lula ignoraba todo de Dirceu. Cuando la Justicia se hizo cargo de sus tropelías, Lula se descargó con un “Dirceu, filho da puta”, más por la frustración de verse sin el sucesor que asegurara el control sobre el PT que como rechazo al corrupto. Continue Reading ▶






