No resulta tan sencillo dilucidar qué cumple mejor a la personalidad del presidente de este Gobierno, si la indecencia o el ridículo. Ayer, miércoles 21 de noviembre, dio sobradas pruebas de su enjundia. Equiparar al golpista Rufián con el centrista Casado, es sencillamente impúdico; y sobre todo, ridículo.
Como grotesco resultó que pidiera perdón a los españoles por el espectáculo que los golpistas y otras gentes de menguada liberalidad acostumbran a ofrecer en la cámara. ¿Con qué autoridad, precisamente quien en más de una ocasión tildó de indecente a su predecesor?
Este pobre mentecato, convertido últimamente en infatigable viajero, sigue embarcado en el sueño de complacer a sus acreedores por la vía de los abalorios. Y por ahí salió para La Habana, modelo de democracia popular del gusto de sus socios leninistas, con mejor cartel que el del predio que cultiva su compadre Zapatero.
Como del CIS se fía menos que de la lotería, no llegará a hacer ninguna de las barbaridades que suelen ocurrírsele por miedo al coste electoral que supondrían. Continue Reading ▶






