Marlasca, para entendernos, porque de Grande tiene más bien poco, reduce el atentado a las libertades de millones de españoles a un problema de orden público. Un jurista, como él es, o lo ha sido, habrá tenido que tragar muchos sapos antes de satisfacer la orden de su presidente: “Que nada se mueva hasta que Tezanos me haga la señal para actuar; la espero en la primera semana de noviembre, y ese día me pongo el tricornio y saco a la calle lo que haga falta para comerme a la derecha, a Vox y a quien se ponga por delante. Así ganaremos por goleada y ya no necesitaré para investirme a la tropa de nacionalistas y rojos; ni siquiera al de las anchoas”. Por ahí debió de ir la consigna con que cerró la reunión del grupo de crisis.
¡Un problema de orden!, tiene bemoles. Una comunidad autónoma víctima de luchas callejeras, saqueos, incendios, destrozos y, sobre todo paralizadas buena parte de sus comunicaciones por marchas que encabeza la primera autoridad estatal en ella, no es un problema de orden público. Es un problema de Estado que trae al pairo al poder ejecutivo de ese Estado. Algo tan insólito como lo de Nerón arpa en mano contemplando el incendio de Roma como si no fuera con él. Continue Reading ▶






