Sánchez, la incapacidad del funámbulo

Tal para cual, qué desgracia.

No es lo mismo hacer como que se gobierna cuando las cosas marchan por sí mismas que gobernar cuando hay dificultades que afrontar, resolver problemas. El gobierno llamado bonito, nadie sabe por qué, está dando la medida de su inutilidad, y su presidente, la de su incapacidad. Incapacidad, sin paliativos.

Este personaje, incapaz hasta de hacer una tesis sin copiar, llega al colmo de su insensatez cuando muy serio, desde el atril de la Presidencia, pide a Torra que denuncie la violencia desatada en Cataluña. ¡Que denuncie! No que impida, ni que corte; no, ¡que denuncie!

¿En qué país vivirá este sujeto que ocupa La Moncloa tras haberla asaltado, no con votos propios, sino con los de los golpistas hoy encabronados que asolan la Ciudad Condal? Los españoles no merecemos este ridículo presidente, en funciones, con funciones o sin ellas, que no se atreve a mover un dedo para cumplir sus deberes. Un funambulista con la mirada puesta en una única meta: volver a dormir en la casa presidencial, demostrar a sus mayores que sólo él puede mantener un gobierno socialista aquí.

Está aterido previendo el frío que puede pasar el resto de sus días si esta locura independista le hunde en las urnas el próximo día diez. No sabe qué botón pulsar, si el 155 o la Ley de Seguridad Nacional, aprobada hace cuatro años precisamente para estas situaciones; sin intervenir en otras competencias de la Generalitat, tomar allí el mando de todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, incluidos la policía autonómica, para restaurar el orden. No tiene obstáculos, la única condición es que el Gobierno haga un Decreto Ley ante una “situación de interés para la seguridad nacional”, como la que, evidentemente estamos sufriendo todos, no sólo los catalanes.

Hacer una cosa o la otra sólo significaría que el personaje a cargo del país toma una decisión. Pero teme el coste político que cualquiera de ellas pudiera tener. Tan reacio es a asumir costes que es incapaz de ver las ventajas que la acción podría reportarle a lo ancho y largo del país. Y en el colmo del cinismo que le caracteriza se dirige al payaso que anima el fuego desde la Generalitat para pedirle que denuncie la situación «por imperativo moral y político».

Por tan rimbombantes imperativos él tendría que hacerse cargo de la situación. O apearse en marcha de la carrera que está corriendo, cosa de la que todos saldríamos ganando. Todos, incluidos sus paniaguados de hoy que más pronto que tarde acabarán en la ruina.

No es que Sánchez sea o no de fiar, es que no tiene por donde ser tomado en serio. Es una broma, un fraude.

Posted miércoles, octubre 16th, 2019 under Política.

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