Como previsto, aunque con día y medio de retraso, los políticos griegos han logrado cuadrar el círculo del gobierno de emergencia o unidad nacional. Y como anunciado aquí hace tres días, L. Papademos, antiguo vicepresidente del Banco Central Europeo es el hombre, que además se ha pedido la cartera de Finanzas. La acumulación tiene toda la lógica del mundo; suprime eventuales malos entendidos, cortocircuitos y demás chinas en el arduo camino que emprende su gobierno. Tan arduo que tampoco sería extraña una temprana dimisión si la calle se pone brava.
También parece que el duce italiano resigna su posición en cuanto sea aprobada la enmienda a los presupuestos que le han enviado desde Bruselas. Eso le ha comunicado Berlusconi al presidente de la República. G. Napolitano parece que busca más un compromiso entre partidos para designar jefe de Gobierno que la convocatoria de elecciones anticipadas. Il Cavaliere ha sido presidente del consejo de ministros italiano la friolera de nueve años, en tres tandas y con al frente de otros tantos partidos. Comenzó su carrera política en el socialista de Craxi y la cierra con El Pueblo de la Libertad. No existe certeza de que tan insólito personaje, siempre acompañado de escándalos de toda naturaleza, deje paso a la estabilidad que la situación italiana aconseja, pero su salida parece condición necesaria para ello.






