Dice Rubalcaba que pone la mano en el fuego por su colega Blanco, José Blanco o Pepe Blanco. Y la pone porque dice saber que no ha hecho nada; “es un caso electoral”, y dio por zanjada la cuestión. ¿Quién la pondrá por Rubalcaba?
Sería un buen alegato de defensa si su autor no hubiera manipulado la realidad tanto y tantas veces. En ello se doctoró cuando Felipe González le encomendó la cartera de Presidencia, las relaciones con las Cortes y la portavocía del Gobierno en aquel primer trienio negro socialista, 1993/96. En este segundo, el que ahora cierran su derrota y la salida de Zapatero, ha mareado la perdiz en cuestiones, resumiendo, como el Faisán, los EREs andaluces y ahora Pepe Blanco; hace quince años fueron el Gal, las escuchas del CESID, Filesa, Roldán, Salanueva, etc.





