El 20-N ha abierto las puertas del cambio de par en par. El inicio es prometedor. La primera comparecencia ante los españoles del presidente electo ha sido clara, brillante y responsable. Son las buenas formas de Rajoy, a las que tanto debe el resultado alcanzado por los populares. Cierto es que el adversario también puso lo suyo en el triunfo del PP, pero acreditados los entresijos de la sociedad española, hay que reconocer mérito, y relevante, a quien ha conducido la oposición como el presidente popular lo ha hecho.
Enfrente se ha producido un destrozo de consecuencias hoy impredecibles. No se ha salvado nadie ni nada. Ni Cataluña con Carme Chacón al frente. Algunos veían en la ministro de Defensa una especie de white knight, la solución luminosa para salvar de las ruinas el proyecto del socialismo del futuro. Ella, la primera. La víspera de prodigar sus mimos a Rubalcaba se plantó preguntando que por qué no podía dirigir el socialismo español una mujer y catalana por más señas. No lo tiene fácil tras haber perdido 700.000 votos, 11 escaños y el liderazgo regional que el PSC venía exhibiendo. ¿Queda algún joven valor en pié?





