Tan amortizadas parecen las elecciones en ciernes que brillan en el debatelas grandes cuestiones, por su ausencia naturalmente. Nada bajo el sol, más allá de lugares comunes y picardías de medio pelo, entre lo insidioso y lo chusco, que el candidato gubernamental desgrana con evidente desgana. La canción, pura salmodia, habla de ricos, de su egoísmo frente a nuestra solidaridad, para ellos cuanto peor mejor, y demás zarandajas impropias de un titulado superior.
El adelanto que el PP ha destilado de su pensamiento fiscal quizá abra un nuevo tiempo de debates más fundados, o no. Porque el equipo Pérez Rubalcaba se ha apresurado a descalificarlo con el gran argumento de que es de derechas, injusto, y “lo que oculta es antisocial e insolidario”.
¿No es genial la capacidad de auscultación del segundo de la señora Valenciano para desentrañar lo oculto hasta poder calificarlo de insolidario? Poca esperanza pues en que el común pueda comparar propuestas y, sobre todo, lo que realmente subyace en ellas.





