No hay tiempo que perder. Bastante retraso llevamos a las espaldas. Cuatro meses de campaña electoral sin sentido, pues el final estaba en junio tan cantado como hoy, 18 de noviembre. Y para más inri, el calendario oficial fijado por el decreto de la tardía convocatoria dice que hasta el 13 de diciembre no se constituirán las Cortes, Congreso y Senado. Los chinos, la mafia rusa, quien sea que esté embistiendo contra el euro, seguirán brindando por la siesta española que les da un mes más de plazo para jugar con nuestra deuda y ponernos imposibles los presupuestos de los próximos años.
Lo pasado, pasado está; las elecciones, a dos días vista. Si de las urnas sale lo que parece que va a salir, ¿qué razón hay para esperar veintitrés días más a la constitución del parlamento, y otra semana después para que el nuevo gobierno actúe? El país no dispone de ese tiempo; o mejor, nadie nos va a conceder ese tiempo. El presidente saliente podrían rendir un servicio estimable al país haciendo dos cosas: otro decreto acortando los plazos para su relevo y, como secretario general del PSOE, el lunes 21 mantenerse en su puesto.





