Aunque no se lo crean, y la RAE no se haya dado por concernida, en el mundo jurídico se habla de conexidad. No conexión, no: conexidad. No constan las razones que impiden el uso del término relación, perfectamente identificado por todo el mundo para significar lo mismo. El caso es que gracias a que no se da la conexidad necesaria entre autos y procedimientos, el señor Blesa puede salir a la calle gracias al varapalo que la Audiencia de Madrid ha propinado al juez Elpidio Silva Pacheco.
Sentencia el auto ayer dictado por el tribunal apelado que el instructor abrió una causa sobreseída hace tres años por carencia de datos concretos para fundamentar la denuncia. El magistrado Andreu, de la Audiencia Nacional los solicitó al denunciante, ese extraño colectivo autodenominado Manos Limpias, sin resultado alguno. Pese a ello, y sin más elementos que su imaginación, viene ahora a decir la Audiencia de Madrid porque datos seguía sin haber, Silva Pacheco reabrió malamente una causa ya cerrada.
Diced el auto: «No se aporta a la causa ni siquiera la denuncia o querella que dio origen a esta causa. Así pues, no se alcanza a comprender, salvo facultades adivinatorias inusuales, cómo se puede concluir la existencia de una conexidad entre los hechos que nos ocupan y los que se dice se seguían en el Juzgado de Instrucción 21 pues se desconocen hecho, sujetos intervinientes e ilícitos denunciados”. Y añade que “no cabe derivar y presuponer esta conexidad en base a noticias de prensa, de pasillo, conocimientos extrajudiciales o sospechas”.






