La traición que Rosa Díez achaca a sus conmilitones que acuden prestos en ayuda de un hipotético vencedor no es nada comparado con lo perpetrado por los responsables electorales del PP. Cada vez se hace más evidente la existencia de infiltrados en sus filas. Hay que poner mucho empeño en no movilizar a los votantes para sacar sobre la mesa el eslogan que ayer presentó el diputado Floriano.
Lo de “trabajar, hacer, crecer” está bien como epígrafe de un estudio sobre las hormigas voladoras, ya saben, esa mutación que acompaña a su apareamiento. Les salen alas para desplazarse mejor, trabajar y hacer crecer sus colonias. Eso de trabajar, hacer y crecer, así en modo impersonal, sin sujetos activos ni pasivos -¿quiénes y para quien trabajamos?- deja mucho que desear como elemento dinamizador del voto.
Claro que el infiltrado podría pretender lo contrario, como hacía entre las filas de IU la novia de Iglesias que tanto luchó hace un par de meses por conseguir la candidatura comunista por Madrid. Alcanzado el objetivo de eliminar al candidato natural, se despidió para dar el salto a la formación de sus amores. Que en la taimada maniobra se despeñara viene pasando desde Viriato, aquello de Roma no paga traidores. Pero cada vez se sabe menos Historia, lo que priva son las historietas.
No será ese el caso del portavoz popular pero empeñarse en seguir recitando el mantra de la crisis superada es la fórmula idónea para empujar al personal a buscar alicientes en otros abrevaderos ciudadanos. Continue Reading ▶






