Asombraba ayer tarde escuchar la primera comparecencia pública del candidato a presidir el Gobierno propuesto por el Rey. Pocas veces en la vida política de nuestra democracia se ha mentido con tanto descaro –corruptos aparte-. Sánchez hizo categoría de la mentira. En un discurso que llevaba escrito no cabe hablar de anécdotas, de lapsus y demás excusas; no, Sánchez mentía con el aplomo suficiente como para presumir que lo suyo no era producto de un calentón.
A juzgar por los primeros párrafos destinados a poner como no digan dueñas al Partido Popular y a su presidente, cabría pensar que el socialista no quiere llegar a presidir el Gobierno. Con los populares votando en contra tiene sumamente difícil su investidura; el concurso de Podemos, que está por ver, no le basta. Necesitaría embarcar simultáneamente en su travesía a Ciudadanos, formación la de Rivera que no cesa de proclamarse incompatible con los círculos de Iglesias.
Un proverbio judío viene a decir que con las mentiras se puede llegar lejos, pero sin posibilidad de volver. Esa es la consecuencia a la que ayer se enfrentó el candidato después de haber estado reiterando durante mes y medio que él está abierto al diálogo con todos. El “con todos” quedó recortado a “con las formaciones del cambio” una vez que Rajoy haya recordado que el mismo Sánchez dijera cien veces que con el PP ni a heredar, y que no ha podido hablar con él para intentar una coalición de gobierno. Aquellas infinitas ansias de diálogo volaron con el primer soplo de viento. Continue Reading ▶






