Podría parecer una película del tardo neorrealismo italiano que desembocó en el mare magnum de jueces y fiscales como di Pietro y otros, mani pulite ¿recuerdan?, pero no, ahora se trata de una producción nacional que hincha las velas de los cantamañanas. Los populistas son siempre los mismos, aquí, en Francia o en Venezuela. Sean diestros o siniestros dividen al personal en justos, ellos, y corruptos, los demás; legítimos, ellos, e ilegítimos los demás.
Y aquí entra en escena la Unidad Central Operativa del benemérito cuerpo que, tal vez contagiada del afán de popularidad que alienta al conjunto del estrellato patrio, más intenso cuanto menor es su protagonismo, lanza al telediario los resultados de sus pesquisas como si de un órgano judicial se tratara.
Denunciar a la presidenta madrileña por la concesión del servicio de cafetería de la Comunidad a un hostelero presunto benefactor de los populares, como tal unidad acaba de hacer, supera el mejor gag de aquel inmenso Vittorio de Sica en las producciones de los años 50, tipo Pan, amor y fantasía o La ladrona, su padre y el taxista. Tan ridícula debe de ser la imputación que juez y fiscal han pasado y aprovechado la ocasión para sentar que “los investigadores tienen que limitarse a apuntar hechos sin avanzar calificaciones jurídicas”. Continue Reading ▶





