Resulta más estomagante que irritante. El doctor Sánchez imposta la voz para declamar eslóganes publicitarios sobre sus inmensas ansias de servir y agradar al pueblo. Cámara de frente, nada dentro. El vacío no genera empatía. Recuerda a Dulcamara, el charlatán que en la ópera de Donizetti “El Elixir de amor” vende a Nemorino un brebaje para conquistar a Adina. El bebedizo era puro vino peleón.
Dos solemnes apariciones televisadas desde el atril de la Presidencia no bastan para borrar la evidencia de que el gobierno Sánchez no sabe por dónde ir. Hasta que no han explosionado las consecuencias de la insensatez que promovieron la pasada semana, las manifestaciones del 8-M, no se ha atrevido a asumir que el país está viviendo una emergencia de alcance inaudito.
Declarar el estado de alarma previsto por la Constitución parece mucho, pero en sí mismo no es nada; está en función de cómo lo utilice el Gobierno que asuma el mando de las Autoridades de la Administración Pública, Cuerpos de Policía de las Comunidades Autónomas y de las Corporaciones Locales, y demás funcionarios. Si ha retrasado la medida por temor a los socios separatistas, el espectro del artículo 155, mala señal. Continue Reading ▶






