Lo normal no precisa de más apellidos, en contra de lo que Redondo diseñó para aquel ridículo parte de la victoria que Sánchez rubricó al término de la primavera, de la primer hola. Dijo algo así como «y derrotada la pandemia, entramos en la nueva normalidad». ¿Cuál sería la vieja?
Estamos a merced de una panda de inútiles, incapaces hasta de algo tan elemental como distribuir unas vacunas. Imagínenselos a cargo de las cartillas de racionamiento tan generalizadas en la Europa post bélica de los años cuarenta, y ahora en curso en el paraíso bolivariano.
Distribuir en dosis familiares el arroz, tabaco, huevos, lentejas, y qué se yo cuántas cosas más, debía de complicar el reparto mucho más que impartir una vacuna. Y ahora sin hambrientos acumulados en las puertas, que los beneficiados son citados de uno en uno y las colas están prohibidas. Continue Reading ▶






