Elecciones, ya

Es cuestión de sanidad pública despejar la atmósfera que aplasta este país nuestro, trufado de denuncias de corrupción, con ayuntamientos y gobiernos regionales dedicados full time a sortear la picota, con un Gobierno central del que tanto ya se ha dicho que cualquier añadido resulta ocioso, y el partido que lo sostiene, dividido ante cada asunto que se presente: Sortu, el presidente en la campaña, la dimisión del vicepresidente Chaves, etc.

La oposición sigue entrenando, o eso parece porque no se la ve en la cancha. Y las oposiciones de la oposición, sindicatos y otras instituciones, convertidas en meras rémoras nutridas por nuestros impuestos para trabar aún más las cosas. ¿Qué sentido tiene seguir así?

Los tiempos del presidente, eso que esgrimen sus palafreneros para justificar la inercia, no son los de la Nación. El país precisa con urgencia tratamientos de choque para provocar la reacción de sus recursos más dinámicos. Reformas estructurales cuyos efectos no son inmediatos; cuanto más se demore su puesta en marcha, más tarde saldremos del hoyo. Es decir, que el sistema seguirá expulsando millares de personas al paro.

¿Por qué desaprovechar la oportunidad de mayo? El pescado está ya vendido, convoquen pues el mismo día a todos y para todo, salvo Xunta y Generalitat, recientemente renovadas. Nos ahorraríamos una pasta; del orden de los €120 millones.

Que la oposición pase al Gobierno no garantiza nada; no es condición suficiente pero, en mi opinión,  sí necesaria. Y a partir de ahí, tal vez se recompongan los actores: los socialistas sean de nuevo el sólido partido nacional que con sus oponentes liberal-conservadores vuelvan a sostener el tinglado constitucional. Así fue ideado no hace tanto, 33 años. Sin ese doble pivote esto no funciona.

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Ahmadineyad en televisión española

Ya saben: “No hicimos la revolución para traer la democracia”. Lo dijo Ahmadineyad en Die Zeit,  y como prueba en siete días dio la vuelta a las urnas. Fue en las últimas elecciones. En la primera ronda quedó ligeramente por debajo de Rafsanjani ambos en torno al 30%. Una semana más tarde se produjo el milagro en Teherán y  Mahmud Ahmadineyad cosechó más del 60% de los votos.

El personaje comparó esta mañana la situación política de España con la de Irán. Estrafalario como Castro, no tuvo más que una respuesta a cuantas preguntas le hacía para la Televisión Española Ana Pastor, convenientemente velada: ¿Quién apoyaba a estos dictadores, quiénes vendían 60.000 millones a estos gobiernos?

Occidente no debe intervenir en Libia dijo, despues de sugerir que los gobiernos tienen que respetar los derechos del pueblo.

Y lo más grande: “El pueblo europeo es el más reprimido por la tiranía del mundo; son prisioneros de los partidos políticos y éstos están controlados por el sionismo”.

Ahmadineyad pertenece a ese selecto club de caudillos en que los Castro, Hugo Chávez y Gadafi toman el té asistidos por otros dictadores de menor cuantía pero todos debidamente atendidos, los Ortega, Morales, etc. De vez en cuando reciben a sus admirados pares chinos e incluso visitan a los rusos. Eso sí, el presidente iraní tiene que hilar más fino que sus consocios, ya que por encima de él está el Jefe Supremo de la Revolución y de la Guardia Revolucionaria, magistratura en la que Alí Jamenei lleva ya 22 años.

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Otegui, Gadafi, Europa y los derechos humanos

La abogacía del Estado no es lo que era. Que en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos hayan prevalecido los argumentos de los abogados Rouget y Goirizelaia, de San Juan de Luz y Bilbao, sobre los del abogado del Estado español Blasco Lozano, es como para pensárselo. Sobremanera si este Estado no es la primera vez que ha de pagar; hace poco tuvimos que satisfacer a un ciudadano alemán con 15.600€ que, como los 20.000€ para Otegui, salen de nuestros impuestos.

Con tan eficaces defensas del jefe del Servicio Jurídico de Derechos Humanos del ministerio de Justicia, nuestros tribunales Supremo y Constitucional no quedan bonitos.

Y, para más inri, el batasuno nunca cumplió la recurrida sentencia, condonada por el Gobierno Zapatero en julio de 2009.

Si además de injurioso no es una provocación motejar al Rey de “jefe de los torturadores” en vísperas de viajar al País Vasco, venga Dios y lo vea. Porque a los ojos de los jueces del Tribunal Europeo es la justicia española quien violó la libertad de expresión del ciudadano Otegui. Presidía el tribunal el gerundense Josep Casadevall, representante de Andorra.

Eso sí, mientras en Estrasburgo los jueces europeos se dedicaban a tan fina hilatura Gadafi sigue matando libios, Mediterráneo de por medio, como leones en safari. Será que ahí no hay humanos cuyos derechos defender, a los ojos de ese curioso colectivo de jueces dedicados a la materia.

Junto a muchas otras cosas nuestra vieja Europa debe cuestionarse ya la existencia de fiscalías y tribunales especiales. Si además de ser un principio bastante sólido lo de la administración ordinaria de justicia, los lugares especiales acaban alimentando gentes demasiado especiales.

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Ahmadineyad, España y lo nuclear

“Esperemos que el pueblo español pueda expresar sus opiniones”, terminó diciendo Ahmud Admadineyad a Televisión Española, en una valiente entrevista hecha por Ana Pastor. Lo dijo respondiendo a la pregunta de la periodista sobre la persecución en Irán a los homosexuales. Y cuestionado por la situación de la oposición iraní, replicó repreguntando si en España se permitía a los separatistas vascos incendiar casas.

El presidente iraní ha confirmado la imagen que el solito se ha labrado de autócrata autista o cínico; quizá ambas cosas a la vez. Como Fidel Castro pero en extraño, del oriente medio, musulmán. En tres ocasiones reiteró que “en Europa cuando alguien escribe un libro que no debe, va a prisión”.

Seguidor del método Ollendorf, Ahmadineyad evitaba respuestas repreguntando a la propia periodista, y cuando ésta le replicó que en occidente los que preguntan son los periodistas, salió por peteneras: “Usted quiere imponerme su opinión”.

Ya había empezado regular la cosa cuando despues de admitir “tenemos un país de grandes terremotos”, hablando de su capacidad nuclear, añadió: “tenemos los más altos estándares de seguridad. No creo que vaya a ocurrir nada serio, y si ocurre es que no está a nuestro alcance”.

Lógica aplastante en un personaje que comenzó la entrevista “en el nombre de Dios”. Todo resultó asombroso. Brava Ana Pastor, tocada naturalmente de amplio pañolón que oportunamente resbaló hasta sus hombros.

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“Quién hizo el cambio”, gratis en PDF

Hace unos cuantos años escribí Quién hizo el cambio, libro al que la editorial añadió en la portada: “Las claves de la transición: cuatro años que cambiaron la Historia de España”. La última edición creo que fue fechada en 1985. Hoy no es que haya sido descatalogada; lisamente, no hay catálogo. La editorial Argos Vergara es también historia.

El domingo leía en El País la entrevista de Juan Cruz con Riccardo Cavallero, director general de Mondadori, una de las editoriales que capea  el tsunami digital que viene asolando la galaxia Gutenberg. Y de entre varios comentarios de interés me llamó la atención aquello de que en el mundo de los libros el poder ha pasado del editor al lector; “los editores tenían el poder de decidir lo que se leía en un país… El editor pasa a ser un intermediario, el contacto entre escritor y consumidor”.

Pienso lo mismo, y que sólo seguirán vivas las editoriales que mejor se reinventen ante la nueva forma de elaboración y distribución de libros. Algo similar ocurrirá con los periódicos. Un nuevo mercado acabará regularizándose para dar datisfacción a las tres partes: autor, lector, editor.

En este nuevo panorama, las bibliotecas virtuales jugarán un papel relevante; editoriales y librerías requerirán su colaboración, cuando hasta  hora eran temidas como intrusas en un negocio perfectamente cerrado. Tanto para suministrar lo que el lector quiera leer a los impresores bajo demanda, como Bubok y Obrapropia, o a  librerías en la red, tipo Libranda o Amazon. Hoy por hoy albergan obras libres de derechos de autor, clásicas por tanto. Pronto serán globales.

Como creo que ese es el futuro, deposité en la Miguel de Cervantes, la mejor biblioteca virtual en español, 60.000 libros y 30.000 usuarios diarios, la primera edición de Quién hizo el cambio. A partir de ahora el lector, si lo hubiese, puede leerla cuando, cómo y dónde le venga en gana. Eso sí, gratis total.

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Alienación, insumisión

Alienación en marchaLa encuesta dice que el personal está más agobiado que nunca por el paro, economía, Gobierno, políticos y demás desgracias concurrentes. Pero da la impresión de que la sociedad sigue adelante tan campante aunque no tenga idea de hacia dónde.

Cuál sea la adormidera es un misterio. Las hay de muchos tipos; en la mili, que yo sí la hice,  sentí algo parecido. Lo recordé el martes viendo a la sra. Chacón dándose un homenaje porque que ya no hay tal mili. Se la cargó el presidente Aznar por una llamada Ley de Personal de las Fuerzas Armadas de 1999. Pero volvamos a la historia.

El capitán Aramendía, así se llamaba el mando de mi compañía, era un artillero que entre horas se enfrascaba en libros de matemática superior. Buen tipo. Una tarde, desfilando por la campa de Araca en la que pocos días después juraríamos la bandera, él al frente, se volvió y ordenó seguir silbando no sé qué, quizá lo del puente sobre el Kwai. Lo que recuerdo como si fuera hoy es el efecto que produjo en la tropa la conjunción de los compases silbados y el redoble de dos cientas botas golpeando el suelo al unísono. Mi escaso militarismo me hizo saltar de aquella especie de hipnosis cuando marchábamos ya hacia el final de la pista. “Si esto fuera un portaviones, me dije, nos precipitaríamos todos al agua detrás del capitán; ¿en qué demonios estoy?”.

Las altas dosis de alienación que la milicia requiere son letales para la vida civil.

Los vecinos del sur se matan en guerras y revueltas; los de al lado, a punto de la quiebra; nuestro crédito, cada vez más caro; el sistema financiero, sediento, y el otro generando parados sin parar. Con este panorama, el que manda juega a las adivinanzas -me presento o no-; su vicepresidente, a seguir siéndolo aunque nadie sepa para qué;  el ministro encagado de las obras, a planificar cómo se presenta el presidente, dónde y cuándo; la del presupuesto, a hacer el ridículo la pobre; los sindicatos pagados con nuestros impuestos, a parar el tráfico aéreo y hundir el turismo,  hoy nuestro único sector generador de empleo.

Y por si todo fuera poco, la UE nos abre expedientes por chorizos; Andalucía se redescubre como la cueva de Alí Babá; en cosa de pocos meses Asturias y alguna más caerán en las mismas, y eso sí, en Cataluña siguen entretenidos autoconsultándose sobre su propio ser.

No sé si unas elecciones generales arreglarían algo; sobre lo que no cabe duda es que con esta tropa nos vamos todos por el sumidero. ¿Qué pasaría si dejáramos de pagarles los sueldos? Sí, eso que se llama insumisión civil.

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