De vez en cuándo sufrimos la visita de gentes de tan poco recomendables como Stéphane Hessel, Brian Currin o Philip Pettit. No son precisamente turistas, ni tampoco desinteresados bienhechores; más bien gentes que tratan de apañar unos euros allí donde más fácil lo ven. Y ahí entramos nosotros, como si fuéramos una colonia en proceso de autodeterminación.
Hessel, llegado la pasada semana para sacarse unas perrillas con la venta de “Comprometeos”, su segundo panfleto, se permite inmiscuirse en la vida nacional como si esto fuera Zambia, con perdón de los zambios. Hace unos meses dejó su tarjeta de visita editando en castellano la guía espiritual de los indignados con prólogo de Sampedro. Y llega ahora para atizar los rescoldos del cabreo como aportación a la campaña electoral del 20-N.
Lo grandioso es verle agasajado por gentes del sistema, caso del superministro Blanco, y cómo el anciano franco alemán corresponde proclamando tanta admiración por Zapatero y Pérez Rubalcaba como desprecio de Rajoy, a quien en ningún caso hay que votar, advierte. Continue Reading ▶






