La actualidad recobrada por el personaje, condenado por corrupción a dos años de cárcel, me recordó el siguiente comentario, publicado en 1977.
Este recordatorio dedicado al saliente presidente de Francia arranca desde un año atrás, cuando en Viena fracasaba la cuarta cumbre Euro Latinoamericana. Ni americanos ni europeos habían llegado a la cita en condiciones de defender intereses o puntos de vista medianamente articulados.
De un lado, los países del centro y sur de América vivían tensiones internas de gran calado. La antiglobalización hecha carne en el eje populista-indigenista-comunista de Chávez, Morales y Castro trataba de hacer metástasis por el resto del continente con la ayuda, más que impagable puntualmente recompensada, de “Le Monde Diplomatique”. Pese a esta y a los petrodólares venezolanos, las elecciones presidenciales siguientes en Perú, Colombia y México pusieron cerco al tumor.
En la otra orilla del Atlántico, o sea aquí, la mayoría de miembros de la Unión Europea no se sentía concernida por lo que pasaba en el continente americano. Es más, algunos se regocijan de cada traspiés que la metrópoli del antiguo imperio, o sea nosotros, pueda sufrir en aquellas tierras que hoy representan para España lo que en el Reino Unido la Commonwealth, o para Alemania los países emancipados de la dictadura soviética.






