En el despropósito en que se ha convertido la política europea sólo falta el país que diera un portazo desde fuera. Grecia no se decide. ¿Y nosotros, por qué no?
La suma de nuestras propias torpezas más las de cada uno de los miembros del euro y las de la Comisión produce un resultado absurdo: menos de cero. Nada sale adelante, todo empeora día a día, como fruta que el paso del tiempo torna cediza. Los acuerdos a los que penosamente llegan, cuando se alcanzan, parecen escritos con tinta simpática. Nadie es capaz de leerlos sin el reactivo conveniente que nadie acaba por encontrar, a lo que parece. Cuando llegue quizá ya no merezcan demasiada atención.
Ejemplo: el rescate de la parte pocha del sector financiero nacional. A qué llegó el Eurogrupo aún está en discusión. Ya se sabe que para leer lo escrito con agua de limón basta con someter el papel al calor. Pero entre que en Bruselas lo del calor no abunda y los nuestros esperando a las auditorías antes de concretar, otros están haciendo su agosto en los mercados secundarios a costa de nuestro crecimiento. Y ojo, que del papel sometido al calor agosteño pueden salir llamas. Continue Reading ▶






