Cuarenta años les costó a las familias israelitas llegar a la tierra prometida. Durante la travesía del desierto no sabían precisamente dónde iban; en algo se parecía aquel éxodo a lo de nuestra crisis actual.
Que el túnel tenía salida era cuestión de fe porque nadie fue capaz de decir cómo llegar al otro lado del Jordán. Hoy tampoco. Ni hay un Moisés como aquél, entre otras cosas porque ya no se dan. Ni aquí ni en Berlín, ni en Washington. El carisma es mercancía escasa, como los milagros.
O como la lealtad. Ahí está el reciente rifirrafe en el seno del partido en el Gobierno. Un episodio banal -porque frente a los esfuerzos por salir del hoyo resulta fútil conceder el tercer grado a un terrorista enfermo- ha hecho patente lo corta que resulta la constancia, la paciencia, la lealtad, entre las huestes conservadoras. Continue Reading ▶






