La última ocurrencia para saldar un acuerdo perfectamente inútil ha salido de la cabeza del hombre de Ciudadanos. En pleno proceso negociador Albert Rivera ascendió hasta al altar de la imagen, todo por la imagen, nada sin las cámaras, para proclamarse hombre bueno del momento.
Él abre el camino por donde los demás deberían resolver el maldito sudoku que dejaron los españoles tras su último paso por las urnas.
Ante las cámaras, es decir, hablándoles a todos los españoles, conminó a Sánchez a aceptar el reto definitivo para llegar al acuerdo de investidura, y por qué no de gobierno. Aún hay escollos importantes para el pleno entendimiento entre ambos, decía, pero pide un último esfuerzo, algo que no es sencillo: una reforma exprés de la Constitución.
Al diablo se le ocurre unir los términos exprés y constitución en una misma frase, como si la ley de todas las leyes pudiera improvisarse en una mesa de juego. ¿Sabrán estos líderes nacionales que, por ejemplo, la reforma del Reglamento General de Circulación llevó nada menos que trece años?
Poner como barrera a salvar con “un último esfuerzo” los cinco puntos en que Rivera cifra la reforma urgente de la Constitución es una broma. Por suprimir aforamientos y diputaciones o facilitar la iniciativa legislativa popular no parece que muchos vayan a pelearse; limitar el mandato de los presidentes suena bien, es lo propio en muchas repúblicas presidencialistas, pero no está tan claro para los primeros ministros de un sistema parlamentario, que es lo que aquí hay. Y de despolitizar la Justicia ya nos explicarán… Pues adelante con los faroles. Continue Reading ▶






