Tal vez a muchos Rivera parezca divino de la muerte, pero el día que despierten con Unidos-Podemos en el Gobierno de la Nación será demasiado tarde para arrepentirse por haber hecho el primo con el voto derramado fuera del cauce natural de sus aspiraciones.
Los emergentes tienen cosas en común más allá de su alienación a derechas o izquierdas, y es su arrogancia. La del coletudo es archiconocida, no merece la pena abundar en ella. Arrogancia que se transmite como por ósmosis a través de todas sus organizaciones. Como las formas con que recitan su particular catecismo, ceño fruncido a fuerza de levantar las cejas, y cuello forzado hacia adelante simulando mayor cercanía con el público.
En el caso del ciudadano Rivera la petulancia le hace despachar recetas y vetos sin tino, más a diestra que a siniestra, con la facilidad con que el croupier reparte premios a los beneficiados por la suerte. Como novedad caída del cielo sobre el agostado labrantío del sentido común, ha deslumbrado a una parte no desdeñable de las derechas y pellizcado en los márgenes de la socialdemocracia.
De breves convicciones y larga ambición, trató de superar el estigma que pesa sobre el centrismo patrio tras los fracasos de “La operación Roca”, luego del CDS suarista y posteriormente la UPyD de Rosa Díez; un padre de la Constitución nacionalista catalán, el centrista que condujo la Transición, y una ex socialista. Continue Reading ▶






