Hasta el resto ha puesto sobre la mesa, pero no le salen cartas. Recuerda con nostalgia la investidura que pudo ser y no fue.
Erramos al imaginar un país dividido entre izquierdas y derechas; en nuestros días nada es lineal, la transversalidad de que tanto hablamos no pasa de ser una metáfora. En realidad hay cuatro dimensiones, pero sólo caben dos en el papel sobre el que pergeñamos aquel sueño.
El partido está partido, doblada por la mitad su base electoral, ha descendido hasta el subsuelo. No todo se divide entre derechas e izquierdas; hay integrados en el sistema y apocalípticos antisistema; españoles que quieren seguir siéndolo y otros que no, o que viven de decir que no quieren seguir siéndolo. No he sabido ver la complejidad.
Con la experiencia de estos últimos meses he visto lo difícil que resulta conjugar la diversidad; la sociedad es una suma de diversas partes interrelacionadas, incluso interdependientes, pero algunas inadaptables al conjunto; ¿nosotros quizás?
Nos estamos quedando fuera de nuestras casillas habituales; ¿estaremos a punto de ser irreconocibles para nuestra propia gente? Me resisto a creer que esa sea la razón de la pérdida de votos, pero en algo debemos de estar fallando porque la realidad va por ahí. Continue Reading ▶






