Justicia y Política

Vidas paralelas

Vidas paralelas

Como no hay cuestiones más perentorias que resolver el exjuez prevaricador pide al Supremo que saquen los muertos de la basílica de Cuelgamuros. Toma ya.

En manos de este tipo de insensatos, por decirlo finamente, ha estado la Justicia española durante años, y así seguirá mientras su órgano de gobierno carezca de la independencia, léase prestigio, para ajustar tantas puñetas salpicadas, deslucidas.

Lo de la Justicia es consecuencia de una reforma hecha por el primer gobierno de González, interpretando un precepto constitucional en sentido opuesto al espíritu que lo impulsó. Es aberrante suponer que la independencia de una instancia como la que debiera cuidar del buen funcionamiento de la Administración de Justicia se consigue politizándolo. Pues se hizo con la aplastante mayoría absoluta de que gozaban entonces, qué tiempos, los socialistas.

Es lo que tienen las reformas motivadas por intereses parciales, ¿sectarios? El primer gobierno socialista comenzó su andadura tras las Navidades del año 82. La Constitución tenía justamente cuatro años. Uno de los primeros remezones para cambiar España hasta que no la reconociera ni la madre que la parió, como anunció el vicepresidente Guerra, fue el cambio de la Justicia, visto lo ocurrido en las primeras elecciones para formar el Consejo General del Poder Judicial. Continue Reading

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Rajoy, Investidura, Gobierno

Quiero gobernar

Quiero gobernar

Acostumbrados a los trazos gruesos con que la política se viene escribiendo desde hace años, las sutilezas no encuentran acomodo. Por ahí anda la causa del lío montado en torno a la aceptación por Rajoy del encargo constitucional de presentarse al debate de investidura para, al fin, formar un nuevo Gobierno.

El presidente en funciones no pudo ser más claro ante los periodistas. He recibido el encargo del Rey, quiero gobernar, trataré de alcanzar acuerdos para ello, y si no los logro gobernaré con los 137 diputados populares. Pocas veces un gallego en ejercicio habló tan llanamente.

Pero a quienes dirigía sus palabras hicieron como que no creyeran tanta determinación y, partiendo por la mitad lo expresado por el candidato, se quedaron en que había abierto la puerta para una segunda espantada, caso de no lograr los acuerdos mínimos para ganar la investidura, o formar un nuevo Gobierno, que no es lo mismo.

Así, brocha gorda en mano, siguieron embadurnando un panorama necesitado como nunca de finos pinceles, de marta cibelina a ser posible. Todo ello para salvar la contradicción en que se encerraron al asegurar que no habrá terceras elecciones con la misma firmeza que niegan su voto a la única investidura posible. A ver quién ata esa mosca por el rabo. Continue Reading

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Sánchez, Rivera ¿queda algo más?

Sólo medio Parlament

Medio Parlament proclama la guerra

¿Qué más ha de pasar para que los príncipes opositores declinen tantos melindres para asumir sus responsabilidades? Las urnas, o sea los españoles, dictaron hace mes y pico una realidad que se resisten a asumir.

Si estuviéramos en el mejor de los mundos, el país podría seguir sin leyes nuevas, o gobierno que presupuestara gastos e inversiones y zanjara conflictos. Pero no estamos en esas.

Ayer los catalanes sediciosos celebraron el día de San Pantaleón, haciendo una butifarra a la Constitución. El desafío es tan absurdo como el terrorismo; supera las previsiones de cualquier análisis racional.

Unos matan un cura en el altar o masacran paseantes por el paseo marítimo de Niza; otros dan coces contra el Estado de Derecho que garantiza nuestras libertades. Todos con un mismo propósito: cargarse el sistema democrático en que viven las sociedades más prósperas y libres del mundo. Continue Reading

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Hay que llegar aprendidos

Lo nuevo no lo es tanto

Aquí no se hacen prácticas

Mandándole el recado al Rey para que intervenga en la formación de Gobierno el diputado Rivera se ha superado a sí mismo. Desde su aparición en el escenario nacional, naturalmente más complejo y exigente que el catalán de su nacencia, ha dado sobradas pruebas de la vacuidad real de su pensamiento.

La de ahora es doblemente sorprendente, habida cuenta de su título de licenciado en Derecho y su posgrado en Derecho Constitucional. Los profesores Carreras y Ovejero que lo ilustraron antes de promover C’s debieron de dar por supuesto que el joven alumno sabría distinguir los sistemas parlamentarios de los presidenciales. ¡Error!

Al parecer llegó a sentarse en el Congreso durante los seis meses que fungió como diputado en la legislatura anterior, tan breve como estéril, sin haberse leído la Constitución. No basta con haber oído cientos de veces que el Jefe del Estado arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, hay que saber cómo.

La carta fundacional de nuestro sistema nada más comenzar define que la soberanía nacional reside en el pueblo español del que dependen todos los poderes del Estado, cuya forma política es la Monarquía parlamentaria. Más adelante concreta que el pueblo español está representado por las Cortes Generales, y antes de llegar al artículo cien expresa que el Rey, a través del Presidente del Congreso es el encargado de proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno.

También dice la Constitución que los responsables de sus actos son las personas que los refrenden.

Pero nuestro hombre no repara en tanta minucia; ni tampoco en el sentido que estas cautelas tienen. El ministro Margallo lo ha resumido divinamente: la Constitución prohíbe al Rey borbonear. Sabia cautela para cortar de raíz los males que achacaron al país durante el reinado de su bisabuelo en el primer tercio del pasado siglo, o de sus ante tatarabuelos en el siglo anterior. Continue Reading

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Rivera no tiene remedio

Marcando distancias

Tan lejos y tan cerca

Acabará votado a Rajoy, o no; eso es lo de menos. Lo de más es su incapacidad para pensar más allá de su propia figura. Como si nada fuera con él, circula con una frivolidad sentenciosa sobre los intereses del país, incluidos los 3 millones de votantes que han situado a su partido en una posición interesante en el Congreso. Pero el partido es él, y él distribuye censuras y reproches a diestro y siniestro porque él es el centro. Esa es la almendra de su pensamiento. Lo demás, escenografía.

Le entrevista concedida por Rivera al ABC hace pensar en la futilidad de su pensamiento político, o mejor dejémoslo en su esquema mental. El Yo como medida universal lleva a expresar simplezas como que “Todo el mundo se tiene que mover en algo. Nosotros hemos hecho un ejercicio que creo que los españoles han agradecido. Ahora le toca al PSOE pensar qué tiene que hacer para esa abstención, pero también al PP.”

Qué movimiento ha hecho, aparte de girar sobre sí mismo, no es capaz de explicarlo; ni él ni los cuatrocientos mil votantes que perdió en seis meses.

Jugó a poner a Sánchez en la Moncloa, con su voto positivo, para lo que pidió a los populares su abstención. Pretendía entronizar un gobierno con 130 diputados sin ninguna capacidad operativa ante las reformas pendientes, dada la mayoría popular en el Senado. Hoy niega su apoyo a los populares con más escaños, 137, que los que él sumaba con los socialistas. Continue Reading

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Es caudillismo, no partitocracia

Sólo tù eres necesario

Sólo tú eres necesario…

Nuestro momento político está acreditando que hay algo peor que la partitocracia, y es el caudillismo. Desde el cierre de la Transición, allá por los primeros años ochenta, los partidos comenzaron a monopolizar la vida política en detrimento de la libre expresión de una ciudadanía diversa que desde entonces se dejó llevar sin demasiadas ambiciones críticas.

Protegidos por unas normas constitucionales, precisas en aquellos albores para el establecimiento de una democracia parlamentaria implantada sobre el secarral del sistema orgánico anterior, las organizaciones partidarias han acabado cerrándose sobre sí mismas, y cada vez más distanciadas de sus soportes, personales e ideológicos.

El pragmatismo, mejor o peor entendido como muestran las sucesivas confrontaciones ante las urnas, es hoy bandera común de todas ellas. Y la promoción y defensa de las ideas e intereses de sus representados, no figura entre los objetivos de sus estrategias. Entre otras razones, porque ya no hay estrategias; el pragmatismo sólo entiende de tácticas.

En ese hábitat ha crecido la especie del caudillismo. Encumbrado por cualquier medio, desde la cooptación, pactos ocasionales e intrigas de camarilla, o incluso la propia fundación del grupo, los líderes acaban siendo inamovibles e irresponsables. Continue Reading

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