La realidad está destrozando principios como el de la presunción de inocencia. Las Constituciones suelen garantizarlo, la nuestra lo hace en el artículo 24, y así consta en textos tan consagrados como la Declaración Universal de Derechos del Hombre, el Convenio Europeo de Derechos Humanos y hasta en la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.
La presunción de inocencia es una de las señas de identidad de todo Estado democrático, como las elecciones libres o el respeto a las leyes y derechos de los demás. Tan así es que mientras en los procedimientos civiles el juez considera los hechos alegados como datos a probar por la parte que los presenta, en el proceso penal el juez parte de la inocencia del imputado. De la valoración de la prueba dependerá que resulte definitiva la inocencia inicialmente presumida.
Pues bien, la última banda descubierta de golfos apandadores invita a pensar en lo arduo que resulta aplicar a esta gentuza el principio comentado. Nadie es quién para negarles tal derecho, pero la acumulación de tropelías, el desmedido afán de lucro, la ruptura de toda ética privada y pública, invita a escarmentar en sus cabezas la podredumbre que anida en la sociedad. Continue Reading ▶






