Si Sánchez lograra imponer la prórroga de un mes España quedaría hasta septiembre en estado de excepción. El fin de la nueva prórroga enlazaría con las vacaciones parlamentarias de julio; todo un verano por delante para llenar de decretos-ley el boletín oficial y dejar España, ahora sí, irreconocible hasta para la madre que la parió.
Lo de la prórroga de un mes, especie lanzada desde Moncloa, revela hasta qué punto la coalición da palos de ciego. Nunca atina, pero siempre lo hace en una misma dirección: trampear la democracia. El fraudillo ha comprobado cuán cómodo resulta mandar sin los contrapesos del control parlamentario y del escrutinio judicial; lo de la prensa libre le trae al pairo mientras las marionetas, ocupadas, alquiladas o compradas, según los casos, sigan los movimientos de sus dedos.
Cierto es que cabe la posibilidad de que lo de la nueva prórroga sea un truco más, y después de breve polémica hacer como que cede ante la oposición; lleva ya varios señuelos así durante la pandemia. O tal vez no; y la atracción del poder omnímodo se le haya hecho irresistible. El fraudillo se ve jugando con los españoles como Hinkel, aquel dictador de Charlot que jugaba en su despacho con la bola del mundo. Continue Reading ▶






