El dedo sobre Rubalcaba apunta a Zapatero

Pues tiene razón Pedro J. Ramírez, qué le vamos a hacer. Su epístola de esta semana concluye con un largo interrogante. No tendrá respuesta porque no lo necesita; demasiado obvia. La cuestión:

“¿O es que Rubalcaba no va a ser nunca responsable de ninguno de los desmanes que suceden bajo su jurisdicción y competencia, llámese caso Faisán, fuga de Rodríguez Menéndez, obstrucción de la acción judicial promovida por las víctimas del 11-M, huida de Troitiño o reaparición de la brigada Txantxangorri para matar deportiva y civilmente a una atleta que se presentó una vez en una lista del PP?”.

Pues de momento seguirá pasando como irresponsable. Al tiempo. Y los colaboradores necesarios, también. ¿Es que dirá algo el ahora candidato Lizavesky, Secretario de Estado del deporte cuando la tropelía sobre Marta Domínguez? ¿Y su jefe directo, el mismísimo Zapatero, que en abril de 2009 colgó de la Presidencia los temas del deporte?

Tiene también razón Rajoy, qué le vamos a hacer, cuando hace un par de días se refirió a todos ellos con un tan desparpajado como indulgente “esta gente”. Gente, no se olvide, que está retrasando un año la salida de esta situación. Zapatero no es culpable de la crisis financiera desencadenada por Lehman Brothers, obvio. La razón es clara, la crisis ya había empezado aquí diez meses antes. Miren la EPA, sin ir más lejos.

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Sin vergüenza

Pasmado quedé al ver en TVE una de las respuestas de Zapatero en Youtube el jueves pasado. Fingió confesar que hay un día que nunca olvidará:

“El 12 de octubre de 2008, París, la sede de la presidencia de la República Francesa. Todos los líderes europeos viendo cómo se hundía el sistema financiero y la economía mundial, sabiendo que se jugaba la vida de los países, la economía, las empresas, y tomar la decisión de salir al rescate de los bancos, una vivencia de una gran intensidad, de un gran sentido de la responsabilidad que no pensé nunca tener”.

Mi pasmo no fue causado por eso de que no pensó nunca tener un gran sentido de la responsabilidad; lo desconté como una chusca consecuencia de su peculiar uso de la sintaxis. No; el estupor fue debido a que el drama de aquel hundimiento vivido tan de cerca junto a sus pares europeos no le había impedido seguir engañando al común.

Recordé enseguida todo un rosario de ilusorias manifestaciones, eso que en inglés llaman “wishful thinking”. Tan sólo dos meses después de aquel día que según confiesa nunca olvidará, aseguró: “En marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa”.

Y desoyendo al Nobel progre de Economía Paul Krugman, quien en Madrid y en su presencia vaticinó que “las perspectivas económicas de España son aterradoras”, se atrevió a sugerir: “Es probable que lo peor de la crisis económica haya pasado ya”. Era el año 200′.

Ya venía mientiendo durante todo el 2008 con su reelección en ciernes. “La crisis es una falacia, puro catastrofismo. Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit” (14 de enero). Y, como habrán visto en el vídeo inicial, continúa haciéndolo sin vergüenza aparente alguna pero, eso sí, ahora con el 21% de paro.

Continuará.

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Pobre Chaves ¿por qué no se irá?

Cada día resulta más penoso su tránsito por las sesiones públicas, sean parlamentarias o mitineras, que para él y algunos más, vienen siendo últimamente lo mismo. Ayer dijo: “mi credibilidad está cimentada en diecinueve años gobernando Andalucía”. Lo mismo pueden decir los hermanos Castro, con perdón, poniendo Cuba donde don Manuel dijo Andalucía. Ellos llevan más años aún y por eso la isla está mucho peor, pero…

Anda Lucía, sal ya de una vez y cuéntanos cómo te ha ido con el bueno de Manolo Chaves durante los últimos diecinueve años, nada menos. No sé cuándo te van a dar la palabra; aguardan por ver si escampa, pero esta misma semana la EPA nos hará un pequeño adelanto de lo que tú mejor que nadie podrías contar.

Y lo peor del mes que nos queda hasta las municipales: ese cansino “nosotros habremos robado, pero los otros también”.

¿Qué hemos hecho los españoles para merecer esto? ¿Acaso no hemos aguantado pacientemente dislates sin cuento? ¿Es que no pagamos lo que nos piden? ¿Se habrán levantado en armas los millones de parados?

Recuerdo el final de aquel monólogo del judío Shylock: “Si nos envenenais, ¿acaso no morimos?; y si nos haceis mal, ¿no nos vengaremos?”.

Shakespeare; aquello era grandioso. Lo que ahora está sucediendo aquí, una chufla chabacana.

Ya está bien; dejen de insultar a la inteligencia del común.

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Lo que la gente sabe

Lunes 25 de abril, 3,45 de la tarde. Ponferrada, León. Al término de la comida, sólo cuatro mesas ocupadas en el salón, el propietario me ofrece el consabido chupito al pasar por delante de la caja registradora. Le agradezco el convite que no acepto y por pura cortesía me intereso por su negocio. Se retrae durante unos segundos y con gesto resignado me dice que mal. ¿Pero qué significa ese mal?, repregunto. En tres años ha bajado un 60% su facturación.

Mire usted, de martes a viernes no hay nadie en los restaurantes, bares ni mesones. No hay más que ver cómo están las calles. Puede usted venir por la noche desde León solo en la carretera. Tengo un conocido en una gasolinera de la N.VI; han decidido cerrar por las noches. “Para tres coches que paran en toda la noche no merece la pena seguir abiertos”. Esto no se arregla así como así; va a costar más años que los que llevamos de crisis. Hasta ahí el hostelero.

Hora y media más tarde, un establecimiento comercial en la misma ciudad. El propietario me acompaña atentamente hasta la salida, dónde le pregunto por el negocio. Durante diez minutos hizo una reflexión realmente lúcida sobre las causas y horizonte de la crisis. A su juicio lo peor es la falta de una salida clara. Esta es una región subvencionada, me dice, que ha vivido del carbón y de la construcción, básicamente. El carbón está llamado a desaparecer, y las dos grandes constructoras de la zona están en concurso de acreedores si no quebradas. Sólo queda la pizarra, y como no se construye tienen que colocarla en Francia y un poco en Alemania.

¿Qué motor de crecimiento vamos a tener aquí? Por prisa que nos demos en detectarlo pasarán años, cuatro quizá, antes de empezar a andar. Y nunca para volver a dónde estábamos. ¿Quiénes o cuántos pueden esperar cuatro años más? Nosotros hemos tenido que meter 200.000€ el pasado año para seguir adelante, y no sé si nos equivocamos, porque hoy estamos como estábamos pero con 200.000€ menos.

Hace cuatro años -sigue el hombre- facturamos 510.000€; hace tres, 250.ooo€; hace dos, 212.000@, y el pasado año no hemos llegado a los 2oo.000€.

¿Pero qué se puede esperar de un presidente -sigue- que no ha trabajado en su vida por cuenta ajena ni propia; o de un ministro de Fomento sin estudios? Van de un lado para otro sin enterarse de la misa la media. Ahí está Sarkozy vendiendo ahora a los japoneses la tecnología francesa nuclear; o cobrándonos a nosotros en trenes el apoyo en la lucha contra ETA, y tenemos que ir hasta América para vender los Talgo nacionales. ¿No le ven en Libia agitando por un lado a los rebeldes y a la coalición internacional por otro para hacerse con el monopolio del crudo Libio, como los americanos se quedaron con el de Irak?…

Lo que la calle sabe… Cuando hable cualquier cosa podría pasar.

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Poema de Gonzalo Rojas

Ha muerto en su Chile. En Santiago abre sus puertas a esta hora el Museo Nacional de Bellas Artes, donde el poeta recibirá millares de adioses y lágrimas también. Ha sobrevivido dos meses y medio a un derrame cerebral. Gonzalo Rojas, premio Cervantes 2003, es junto a Neruda, Mistral y Huidobro, uno de los cuatro grandes de la poesía chilena.

Hace quince años confesaba en al diario “La Tercera”: “Soy un aprendiz permanente del lenguaje. San Juan de la Cruz, el más grande poeta de todos los tiempos, tiene un verso que dice “Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”. Yo te digo al revés: no volé tan alto y no le di a la caza alcance. Pero creo en la inconclusión y en las puertas abiertas”.

Leer su poesía es el homenaje que mejor cuadra a un poeta.

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

La Biblioteca Virtual Cervantes tiene un excelente portal sobre Gonzalo Rojas, visítenlo; les sorprenderá.

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Mentiras ministeriales

Ser ministro no es cuestión baladí, por ello sus titulares deberían cuidarse de no arrojar por la borda, en un mitin por ejemplo, el fondo de autoridad que la gente les atribuye. Y menos aún en ambientes más tranquilos, como una entrevista periodística, caso de Blanco en “El País” del domingo de Resurección. Pocas dudas caben de que quedó satisfecho de cuanto dijo ya que la reproduce en su blog personal.

El personaje habla de todo, incluso de que van a ganar las elecciones generales del 2012. Y afirma con extraña seguridad, o autoridad tal vez, que las primarias de su partido las ganará quien no piense ahora en su candidatura (pobre Chacón, pues).

Pero una cosa hay que no resulta tolerable en un miembro del Consejo de Ministros: la mentira. Y miente cuando reitera lo que ya blandió en un mitin: que el expresidente Aznar se ha puesto al lado de Gadafi. Tal cual.

No hay justificación posible a la mentira en un responsable político de este nivel. Porque aquí no caben interpretaciones. Lo dicho es tan claro, como grosera la falsedad.

El expresidente, que como todos los inquilinos de La Moncloa, incluido el actual, estrechó la mano del sátrapa libio, dijo algo bastante más relevante referido a los Estados Unidos, que no a Gadafi. De los Estados Unidos, país donde hablaba hace quince días, comentó la incoherencia de su política internacional, capaz de “respaldar a los rebeldes libios sin saber quiénes son tales rebeldes”.

Esa es la cuestión. Lo otro, la referencia a Gadafi no pasa de ser un reescrito de aquel “Es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta” que el segundo presidente Rooselvelt dijo del dictador nicaragüense Tacho Somoza, quien tras lo de Pearl Habour había declarado la guerra a las potencias del Eje un día antes que los propios Estados Unidos lo hiciera. Murió asesinado siendo el quinto hombre más rico del mundo, pero esa es otra historia.

¿Saben acaso nuestros ministros quiénes son, de dónde salieron, qué democracia quieren, etc. los valerosos insurgentes libios? ¿Saben siquiera si son activos musulmanes, chiitas o sunitas?

Y puestos a ilustrar al común, podrían informarnos de qué méritos reunen quienes en Libia luchan contra el payaso sanguinario que no adornen a los que mueren bajo las armas de los dictadores de Siria o de Irán.

Que los ministros Blanco y Jiménez, la portavoz Valenciano y otros corifeos del Gobierno Zapatero mientan es demasiado grave como para dejarlo pasar como cosas de campaña electoral. Cada vez que oigo o leo una mentira de este porte recuerdo lo que Nicolás Redondo, líder de la UGT, espetó a Marcelino Camacho, de CC.OO, en el “Cara a Cara” que yo mismo dirigía en TVE, año 77: “mientes Marcelino, mientes y tú lo sabes”. Quedó como un refrán popular.

Seriedad, señores. Aunque a ustedes ya no se lo parezca, el Gobierno del Reino es algo demasiado serio como para alicatarlo con mentiras.

Un Gobierno que no mienta ¿recuerdan?

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