El país no está para chulerías

Los de Bildu, esa banda licenciada por el Tribunal Constitucional para actuar en política, han emprendido el camino de los desafíos. Conscientes de que el vicepresidente, ministro de Interior y candidato socialista no va a mover un dedo por si pudiera hacerle perder un voto, se ciscan en las leyes y hoy suprimen un retrato, mañana arrían una bandera y al día siguiente organizan un referendum para cargarse de razón sobre el incumplimiento de las leyes. Dicen defender el diálogo mientras rechazan las condenas al terrorismo. Chulería de la peor especie.

Enfrente, el vicepresidente y candiato Rubalcaba saca ahora pecho contra los bancos, como Hitler la emprendió contra los judíos acusándolos de la crisis. Franco diluía los cargos entre masones, comunistas y judíos también; siempre los judíos, centro del imaginario económico y la usura.

La historia se repite cansinamente. Cada vez que la crisis caía sobre una población, los reyes medievales solían cargar sobre los judíos, sus agentes recaudadores generalmente, las iras de las gentes con hambre; y así fue hasta el siglo XX, pasando por los progroms rusos y centroeuropeos  iniciados a finales del XIX.

Pues el candidato Rubalcaba vuelve a utilizar el método para cargar sobre la banca la causa de todos nuestros males. Su alegato contra los directores de sucursales bancarias dando hipotecas a lo loco, dice, es como para retirarle de la carrera presidencial por incompetente. ¡Los directores de sucursal dando créditos de su propia mano.!.. vamos hombre; un poco de seriedad.

Por conquistar el favor de los insolventes, tengan o no fecha de referencia, la esperanza blanca de los socialistas pierde los papeles. Qué más quieren los de Bildu que tener al jefe de policía distraído con el 15-M y diciendo machadas.

Lástima.

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Lo de Chávez y el vicepresidente Gay

Lo de Chávez no lo supera la imaginación del creador de Macondo. Tampoco lo del vicepresidente del T. Constitucional E. Gay diciendo que sus miembros “a pesar de la impresión que se pueda dar, actuamos con libertad de criterio”. Por no hablar, ¿para qué? de lo del candidato Rubalcaba desvelando a estas alturas, mejor bajuras, que tiene el remedio para el paro; manda huevos, que decía el sargento de la compañía del Regimiento de Artillería a Lomo en que hice la mili en Pamplona allá por los sesenta.

Después de más de un mes fuera del país, internado en una clínica cubana donde al parecer le extirparon un cáncer en el bajo vientre, el caudillo venezolano ha vuelto de madrugada a Caracas. Nada pasó en Venezuela durante su ausencia.  La oposición no dio señales de vida. Sólo hablaron el canciller Maduro y el vicepresidente Jaua para decir que el sátrapa seguía triunfando y que volvería antes de tres meses.

El país, un tercio en la pobreza, dos años continuados de caída del PIB, inflación superior al 25% y otras desgracias, es la primera víctima del imperialismo bolivariano, sumidero por el que se han ido las rentas del petróleo más caro de lo que va de siglo, subvencionando indegenismos, populismos y demás rémoras del progreso que naciones vecinas vienen labrándose desde hace años.

Pero no pasa nada. Es más, el caudillo transmitía desde la Habana hace veinticuatro horas a sus juventudes que el amor que le muestran es la mejor medicina. Aunque poco amor debe de ser ese a juzgar por las fotos suministradas. Si en ellas se ve a un Chávez macilento y en los huesos, qué no se verá en las no autorizadas. Pues con eso y todo lo demás, no pasa nada.

Aquí no resulta menos sorprendente ver al vicepresidente de nuestro Tribunal Constitucional andándose por las ramas en una entrevista concedida o pedida no se sabe por qué ni para qué. Porque no sería serio que la página que le dedica el diario amigo tuviera el objetivo de desmentir que su rechazada dimisión en compañia de otros fuese motivada por el caso Bildu. No; los vocales del Constitucional tienen acreditados valor y entidad suficientes como para soportar el peso de sus decisiones, se supone.

Claro que también cabría suponer que sus miembros no siempre vayan a pronunciarse en la dirección predeterminada por sus afinidades, creencias o proponentes, y sin embargo sucede lo contrario. ¿Cómo no pensar en su politización? Dice el sr. Gay que no ha recibido ninguna presión política, ¿y qué falta hace cuando el máximo nivel de consenso alcanzado en los nombramientos no es tanto sobre los nombres como en el número, en el mero reparto de vacantes, y ni en eso se han puesto de acuerdo en dos años poder y oposición?

Pero cuando don Eugeni ya roza el cielo es en los términos con que defiende la presencia de Bildu en las instituciones: “Jamás en democracia se puede hacer uso de la exclusión del diferente”. ¿Jamás? El 16 de enero de 2004 y con el voto del sr. Gay, el Constitucional hizo uso de la exclusión del diferente rechazando los recursos de Batasuna y Herry Batasuna, contra la sentencia del Supremo nueve meses antes dictada. Caso paralelo al de Bildu diez años después. También en puertas de unas elecciones.

La Ley no ha cambiado. Los “diferentes” tampoco, según tienen acreditado las fuerzas de seguridad. ¿Qué criterios pues ha usado en el caso Bildu el Constitucional, sr. vicepresidente?

Quizá sea más directo preguntárselo a otro vicepresidente; el del Gobierno, candidato Rubalcaba. En todo caso tampoco aquí pasará nada.

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Kissinger en China y aquí, en Babia

Dos grandes autores españoles, lejos de Chile y Perú, sus respectivas cunas, conversaban en la tarde del sábado en Madrid sobre China, país del que llegaba hace unos días Mario Vargas Llosa. Y Jorge Edwards, premio Cervantes y embajador chileno ante UNESCO en Paris, recomendaba al flamante Nobel de Literatura el reciente libro de Kissinger, On China. En él relata las razones estratégicas que impulsaron su viaje al Beijing de Mao, la visita al año siguiente, 72, del presidente Nixon y la apertura de reaciones entre las dos potencias.

El Nobel de la Paz recuerda un pensamiento de Kant: la paz perpetua acabará llegando al mundo por una de estas dos vías: o por la visión humana o por conflictos y catástrofes de tal magnitud que no dejen a la humanidad otra opción.

Las seiscientas y pico páginas de On China merecen la pena. Por el tema en sí, y por ver cómo existen otros mundos, otros horizontes, otras realidades.

Un país como el nuestro, cuya sociedad se encierra con sus propias carencias, cuyo primer diario vende propaganda por información -asómense al suplemento Domingo dedicado al candidato-  y cuyo Gobierno no ve fuera sino escenarios para colocarse en la hora del  turnismo, no llegará lejos.

Y si el bombero pirómano retrasa la salida de esta situación hasta que sus intereses se lo dicten -eso hacen quienes sólo responden ante Dios y la Historia- cada día resultará más difícil llegar a puerto.

El debate que siga centrado sobre el cuándo de las elecciones sólo interesa al partido socialista. Y al PNV, que con Bildu tiene el arma más eficaz para recuperar el gobierno autónomo vasco a costa del constitucionalismo allí representado por la entente PSE-PP.

Pero todo eso, como otras muchas cosas, importa un pimiento a Zapatero y al candidato que tiene que soportar a su lado hasta la semana que viene, seguramente.

Comenzar los cimientos de la salida de la crisis -es decir, haciendo cuajar, dentro y fuera, la confianza en un nuevo horizonte- es importante; tanto como la existencia de cinco millones de parados. Pero cortar la inercia destructiva de una política nacional impulsada por salvar la continuidad a costa de satisfacer intereses secesionistas, es vital para que este país siga siéndolo.

Por supuesto que habrá que discutir y tratar de encontrar soluciones satisfactorias para el común con las mentes  abiertas a la realidad. A la realidad real, a la histórica y a la de un futuro mejor en el que la solidaridad sustituya al egoismo, y la altura de miras al ombligismo. Es decir a que, como hace treinta y tantos años, Quijote vuelva a triunfar sobre Sancho, nuestro otro yo nacional.

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La SGAE de Bautista y Alí Babá

En la mañana del viernes 1 de julio, espectacular despliegue de fuerzas de seguridad en torno a la sede de la española Sociedad General de Autores y Editores. Los viandantes de la madrileña calle de Fernando VI comenzaron tomándolo como el rodaje de una película más. Coches policiales, furgón de la Guardia Civil, agentes entrando y saliendo del palacete modernista que en los primeros años del pasado siglo diseñó un discípulo de Gaudí, el también arquitecto catalán Grases Riera. El palacio Longoria, segundo apellido del banquero que lo encargó, acabó siendo comprado para sede de la Sociedad de Autores, así se llamaba en 1951 la actual SGAE, por el maestro Jacinto Guerrero, zarzuelista de éxito que comenzó a los doce años componiendo una Salve a cuatro voces y terminó dedicado a la revista musical.

El caso es que la policía estaba actuando por orden judicial, tras asumir el juez una denuncia de la fiscalía anti corrupción. Once horas de registros y la detención inmediata del primer ejecutivo de la SGAE, Teddy Bautista, antiguo componente de grupos pop, y de otros ocho ejecutivos de sociedades filiales. Imputación: desvío de fondos y apropiación indebida.

Hasta ahí, nada demasiado nuevo en el panorama de escándalos que alimenta la corrupción nacional. La pregunta es: ¿por qué las actuaciones se emprenden a las 24 horas de haberse celebrado unas elecciones de las que salió triunfante, como de costumbre, el equipo ahora descabezado?

Obviamente si estas pesquisas, inciadas hace un par de años, hubiesen producido la misma escandalera dos días antes, las elecciones se habrían suspendido, o ganado la oposición al grupo que lleva controlando la SGAE demasiados años, y últimamente en estrecha connivencia con la ministra de Cultura, González Sinde, productora y directora cinematográfica que se dió de alta en la sociedad de los derechos de autor hace unos meses, siendo ya ministra. Naturalmente ésta recabó la presunción de inocencia para los detenidos.

La cuestión, ¿por qué ayer, tras las elecciones?

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Bonos catalanes, buenos para ella y ¿para él?

El descaro con que el Gobierno Zapatero que dirige Rubalcaba compra votos en el Congreso resulta difícil de calificar sin caer en la escatología. ¿Qué decirles al oir a su ministro de Trabajo que la Seguridad Social comprará los “bonos patrióticos” catalanes? Sólo una cosa: si son buenos para ella, la SS, ¿por qué. de paso, no compran ustedes mismos unos poquitos más? Bueno para ella, bueno para él, que decía el comercial, sin olvidar al secretario de estado norteamericano John Foster Dulles -lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos-. Tipo curioso aquel, sin pelos en la lengua. Otro día sentenció: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

Esto, lo del Gobierno y los nacionalistas catalanes, o los vascos ayer, es un escándalo más de los que pasan sin cesar por delante de nuestras narices. La Generalitat viene exigiendo que el Tesoro avale una emisión de bonos ¿basura? porque los mercados andan mosqueados. Y un simpático vividor, diputado de CiU, democristiano, tuvo ayer la humorada de decir que como el Tesoro lo pagamos todos que se ponga delante para que los catalanes no tengan que pagar el diferencial sobre el bono español que habrán que apoquinar.

Por si tal muestra de tupé no fuera suficiente, mientras Sánchez Llibre pedía en Madrid, en Barcelona su presidente Mas reclamaba la independencia financiera de Cataluña (pacto fiscal con el Estado, tipo Concierto vasco) porque una encuesta allí hecha indica que así lo quiere el 50% del personal. Y que, para que nos enteremos, un 43% estaría dispuesto a votar la independencia; no la financiera, la de verdad.

El origen de este cúmulo de sin razones es el favor que la minoría nacionalista hizo a los socialistas en la tramitación de la reforma de las pensiones, y ya se sabe: favor con favor se paga.

Qué lejos aquellos tiempos del Roma no paga traidores. Fue aquí mismo, en Iberia.

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La Nación es lo de menos

Nos hemos acostumbrado a tomar como cosa natural que un presidente actúe a impulsos de sus más inmediatos intereses, los de su partido. Los generales, lo que convenga a las gentes del país, se supeditan a aquellos. ¿Razón? -Por que sí; porque lo digo yo. Y de forma pastueña, analistas y tertulianos razonan a partir de tales pequeños intereses propios de gentes sin grandeza.

El debate ciudadano se cierne entonces sobre qué le conviene al PSOE, esperar a marzo para abrir las urnas o hacerlo antes del invierno; si los populares quieren aprovechar la ola de las recientes elecciones locales o les vendría mejor que este Gobierno acabara de cargar con la corrección de sus errores. Pocos alcanzan a salirse del callejón por el que una manada de mansos va encabezando este cansino encierro del que demasiada gente está ya harta; mucha más que la suma de todos los indignados oficiales que el calor de esta semana, por cierto, parece haber derretido.

Sin llegar al dramatismo de los sanfermines, las sesiones en el hemiciclo de estos dos últimos días han confirmado que Zp de bambi no tiene nada; es un genuino killer político. Se revuelve ante las puyas con indisimulada rabia y miente sin empacho ni complejo alguno. El martes resultó más que dramático chusco verle sobreactuar gritando a Rajoy: “Yo le acuso de dar cifras sobre nuestra riqueza, renta per capita y deuda pública que no se corresponden con la realidad”. “Usted miente  a sabiendas” y otras lindezas. Lástima que usara el mismo truco con que Solbes se quitó de encima a un Manuel Pizarro que cargado de razón  advirtió de la que se nos venía encima en el recordado debate elecrtoral de 2008. Entonces aquello pudo engañar a muchos, la baraja del trilero manejada anteayer no creo que engañara ni a sus deudos.

Al killer le importa un bledo que en eso de la riqueza per cápita este país figure hoy en el puesto 48, o que nuestra economía descendiera al lugar decimotercero el pasado año -éste estaremos en el 14º-. Y pareció como si ya ni leyera su periódico amigo, que hace unos días recordaba la caída de 7 puntos de nuestra renta per cápita dentro de la eurozona.

Este era un debate sin sentido a cargo de un presidente que deja la Nación hecha unos zorros. En el plano económico, en el social y en el institucional. Bildu gobernando Guipuzcoa y más, el estado de la Justicia y el T. Constitucional, la pérdida de peso de España en el mundo, la manipulación partidaria de diversas instancias de la Administración, el vuelco político anotado hace menos de mes y medio en las urnas, etc.; todo ello es lo que define el actual estado de la Nación. Nada de ello mereció especial atención del presidente, ni por cortesía a su oponente.

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