Visto ayer lo visto no me resisto a transcribir la versión que Samaniego, alavés de Laguardia, hizo en el siglo XVIII de la fábula que veinticuatro siglos antes contó Esopo:
Con varios ademanes horrorosos
Los montes de parir dieron señales;
Consintieron los hombres temerosos
Ver nacer los abortos más fatales.
Después que con bramidos espantosos
Infundieron pavor a los mortales,
Estos montes, que al mundo estremecieron,
Un ratoncillo fue lo que parieron.
Y a continuación su moraleja, como corresponde:
Hay autores que en voces misteriosas
Estilo fanfarrón y campanudo
Nos anuncian ideas portentosas;
Pero suele a menudo
Ser el gran parto de su pensamiento,
Después de tanto ruido sólo viento.
Como se ve, casi nada hay de nuevo bajo el sol. La capacidad humana de hacer el ridículo no conoce límites. La llamada Conferencia de Paz celebrada ayer en San Sebastián concluyó como estaba previsto: poniendo un papel sobre la mesa para que ETA lo asuma inmediatamente, como aquí anuncié hace una semana. Continue Reading ▶





