“…Se atrevió también la regia virgen, / ignorante de a quién montaba / a sentarse en la espalda del toro…»
Si los clásicos no hubieran sido arrinconados, si los políticos leyeran algo más que resúmenes ejecutivos, si Europa tuviera conciencia de su ser y líderes resueltos a apostar por ella sobre sus intereses nacionales, el número montado por Papandreu duraría lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Grecia sería invitada a salir del club en el que no debió ser admitida.
La insólita maniobra del socialista heleno, queriéndose cubrir las espaldas con un referendo sobre lo que formalmente asumió tres días antes en la cumbre europea, puede llevarse a Europa por delante y, con Europa, al resto del mundo. La debacle del euro sería el gran fin de fiesta que iniciaron en Estados Unidos Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, y remató Lehman Brothers quebrando el 15 de septiembre hace tres años, un mes y diecisiete días.





