Tengo una sobrina que tomó un crédito para afrontar el establecimiento de su negocio. Un experto le recomendó que se cubriera del riesgo de interés; que hiciera un interest rate swap, como si aquello fuera una multinacional operando en los mercados del dólar, la libra y el yuan. Lo hizo, y mi sobrina paga religiosamente la prima que le asegura de no sabe bien qué, además de la amortización.
Paga porque tiene la esperanza de que escampe, porque le gusta hacer lo que hace, porque de ella depende media docena de colaboradores y porque lo suyo no es precisamente una farmacia en La Mancha ni una inmobiliaria en Andalucía, casos en que, visto lo visto, tal vez nada hubiera merecido la pena; ni establecerse, ni pedir el crédito, ni hacer el swap.





