Lo de la política penitenciaria aplicada a los etarras es la enésima chapuza perpetrada por el Gobierno al poner en marcha una decisión. Personalmente defiendo la autonomía del Ejecutivo para dictar las normas que tenga por adecuadas; para eso tiene el mandato de las urnas. Y, además, me parece bien lo que se trae entre manos; como también, que para adoptar lo que tenga por bueno no necesita permiso a nadie, sean víctimas, jueces o carceleros. Pero una cosa es su autonomía y otra obligar a la parroquia a continuos actos de fe.
La incapacidad del equipo a cargo del Estado para comunicarse con la sociedad raya en lo temerario. Entre las funciones que comporta su ejercicio figura la de informar a los ciudadanos del objetivo de sus medidas y de convencerlos de las bondades de las mismas. En situaciones de normalidad ese proceso se decanta en el dialogo y confrontación parlamentaria, pero no vivimos en la normalidad sino en la excepción. Precisamente por ello, porque los electores sintieron la necesidad de un Ejecutivo con el apoyo excepcional para poner en pie otras soluciones, depositó mayoritariamente sus votos en el partido que estaba en la oposición. O por pasiva, barrió de la escena a quienes fueron incapaces de resolver el problema durante los tres últimos años. Continue Reading ▶






