El perdón

Roselvelt explicándose en 1937

Lo de la política penitenciaria aplicada a los etarras es la enésima chapuza perpetrada por el Gobierno al poner en marcha una decisión. Personalmente defiendo la autonomía del Ejecutivo para dictar las normas que tenga por adecuadas; para eso tiene el mandato de las urnas. Y, además, me parece bien lo que se trae entre manos; como también, que para adoptar lo que tenga por bueno no necesita permiso a nadie, sean víctimas, jueces o carceleros. Pero una cosa es su autonomía y otra obligar a la parroquia a continuos actos de fe.

La incapacidad del equipo a cargo del Estado para comunicarse con la sociedad raya en lo temerario. Entre las funciones que comporta su ejercicio figura la de informar a los ciudadanos del objetivo de sus medidas y de convencerlos de las bondades de las mismas. En situaciones de normalidad ese proceso se decanta en el dialogo y confrontación parlamentaria, pero no vivimos en la normalidad sino en la excepción. Precisamente por ello, porque los electores sintieron la necesidad de un Ejecutivo con el apoyo excepcional para poner en pie otras soluciones, depositó mayoritariamente sus votos en el partido que estaba en la oposición. O por pasiva, barrió de la escena a quienes fueron incapaces de resolver el problema durante los tres últimos años. Continue Reading

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El Gobierno se hace un lío

Así es... Pirandello en Madrid bajo dirección de M. Narros

Acabo de releer al Luigi Pirandello de “Así es si así os parece”, una farsa filosófico-detectivesca divertida por demás. Nada que ver su peripecia con la realidad que nos circunda, salvo en lo que atañe a la gratuita ceremonia de la confusión que nos está ofreciendo la, llamémosle, zona política del Gobierno. Las oposiciones no ofrecen ese flanco; sus desvaríos son meridianamente claros.

O el sr. Rajoy y la sra. Cospedal, autoridades máximas del partido en el Gobierno, encauzan el flujo informativo de lo que hacen y dejan de hacer o acabará llevándoselos la corriente, por meritorios que sean sus esfuerzos en la tarea de reflotar la nave del Estado. Continue Reading

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Cultura y espectáculo

Hablando de cultura, más allá de la crisis

Mario Vargas Llosa y Gilles Lipovetsky entretejieron ayer en el Instituto Cervantes una pieza admirable sobre el valor de la cultura en, o versus, la sociedad del espectáculo. El pretexto, la presentación de la última obra del Nobel hispano, el ensayo “La civilización del espectáculo”. Fue un coloquio que bien mereció la pérdida del una semifinal de la Liga de Campeones, volviendo a lo del espectáculo.

La cuestión no es novedosa, al fondo late la disputa sobre hasta dónde la cultura admite su masificación, su “democratización”, sin perder su capacidad creadora.

También en Madrid, y a no mucha distancia, en la Biblioteca Nacional, el académico francés Marc Fumaroli se ocupaba en lo mismo centrándose en el papel del libro. Fumaroli es un representante excepcional del halo aristocrático que envuelve a la alta cultura. Le conocí en el Collège de France hace media docena de años, quizá; no los suficientes para olvidar el irónico desprecio con que me glosó la figura de Napoleón, a propósito del mural que ambos teníamos en frente mientras cenábamos en una pequeña sala del palacio de Luxemburgo. Continue Reading

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A la griega

La muerte de la política

Los socialistas harán dentro de un mes todo tipo de protestas y disimulos, pero los hechos son como son: llaman a la protesta callejera los dos primeros responsables, digamos que responsables, del partido. La número 2, directamente: a las barricadas el día 29. El número 1 atizando con la cuestión sanitaria las cenizas entre la inmigración en paro.

No creo que alguien medianamente informado, y se supone que los llamados responsables socialistas lo están en grado sumo, piense que el Gobierno vaya a salirse a base de movilizaciones del camino emprendido; es decir, a incumplir los compromisos que se ha visto obligado a tomar para poder seguir financiando esta ruina. La apelación  a las calles significa renunciar a la política; su enterramiento. Continue Reading

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¿Sabe alguien dónde vamos?

Poco más y no quedará pié con bola

Ni dios, y no sólo aquí, ni tampoco en la UE; el problema, o la incógnita, es universal.

Cada semana se desvela que nada es como parecía la semana anterior. La economía ha perdido toda suerte de locomotoras; ni la China parece capaz de arrastrar sus propios vagones, cada vez más volcada en la senda que el Partido marca para seguir en marcha. Como el ciclista para no caer de la bicicleta, la consigna es seguir andando, o remando, como los condenados a galeras. De eso saben más que nadie porque así nació el sistema, con la larga marcha de  los Ejércitos Rojos que condujeron Mao y Tsu Enlai mediados los años 30 del último siglo.

Sólo el hermetismo que hasta ahora garantiza el sistema comunista ha permitido al mundo libre pensar que allí está el motor del crecimiento sin fin, hasta que filtraciones indeseadas muestran síntomas de fatiga; el crecimiento comienza a decrecer y se abre otra incómoda incógnita: ¿será el gran oasis un mero espejismo?

Y nada diferente ocurre en el mundo de las ideas y las artes, yermo al cabo de demasiados fuegos fatuos, enrocamientos y esteticismos inconsistentes.

En un panorama de incertidumbre como el que caracteriza la imagen de la hilera de fichas de dominó cayendo unas sobre otras, lo primero que sufre son las criaturas a medio hacer. Es el caso de la Unión Europea, es nuestro caso. Cuando una posible solución emerge de la irresolución en que vive la enclenque criatura un vuelco de las circunstancias tapona la luz de la salida; un no way out asistido por una lógica implacable. Lástima que sólo se advierta a toro pasado.

En situaciones como ésta lo mejor que pueden hacer nuestros inmarcesibles líderes, desde los sociales, deportivos y culturales hasta los llamados políticos, es no incordiar. Sería bueno que cada cual se aplicara a lo suyo sin ánimo de joder a los demás. (RAE: Joder, 3. tr. Destrozar, arruinar, echar a perder.)

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Política de fast food

¿Eran realmente otros tiempos?

La penuria mental de tantos agentes políticos queda de manifiesto en ese estúpido juego de lanzarse vídeos a la cara. Reducir la argumentación de las propias posiciones, o las críticas a las ajenas, al lenguaje de videoclip habla de hasta dónde ha llegado la degradación cultural de este país. La llamada civilización de la imagen es lo que tiene; idiotiza al consumidor de contenidos enlatados para consumo rápido. Una suerte de fast food que, unida a los twits y demás emisiones a través de las redes sociales, está teniendo efectos letales en nuestro idioma y, pronto, en la misma convivencia.

La invasión de las técnicas de comunicación masiva no es de hoy; comenzó hace décadas. La extensión de la telefonía fija hizo caer en desuso el correo postal, por ejemplo. Las posibilidades de interconexión a distancia crecieron exponencialmente con la irrupción de los móviles y los PC. Hoy los ordenadores personales se consideran instrumento fundamental en colegios y familias, y la penetración de la telefonía digital está generalizada en las clases medias urbanas. Continue Reading

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