Las ambiciones que los socialistas de Rubalcaba dibujaron en su cónclave del fin de semana son bastante alicortas; demasiado ceñidas a la actualidad superficial que marcan la crisis y las mareas callejeras. Un partido de gobierno, como el socialista lo es, no puede tratar de cerrar las memorias de su travesía del desierto con un rosario de propuestas de imposible engarce. Es lo que tiene travestirse para caer bien en ese rojerío oficial que personajes como Garzón, otra vez a vueltas con el IRPF, o el Carrillo de la Complutense tratan de protagonizar a estas alturas.
El horizonte socialista se reduce a ese pequeño mundo en que los menesterosos tengan agua y luz gratis, que el patrimonio compute en el impuesto sobre la renta, el laicismo domeñe el concordato con Roma y otras cien cuestiones, algunas tan peregrinas como que la diferencia entre el salario del primer ejecutivo no supere 12 veces al del último empleado, o meter en la Constitución “los cambios que la sociedad española ha hecho suyos: la secularización y la laicidad, la igualdad de género, el derecho a la asistencia sanitaria, internet, el matrimonio homosexual…”, en expresión del coordinador de la Conferencia.
¿Horizonte o patio interior? Continue Reading ▶






