El presidente del Gobierno hizo recuento de su año. Volcado como está en sacar de la crisis la economía del país, el resto de los asuntos, las otras crisis de carácter social e institucional, fue eludido con el esplín que le caracteriza.
Ser Rajoy, o ser como Rajoy, tiene sus puntos favorables para algunos casos y situaciones, y también desfavorables en casi todos las demás. Al observador imparcial no le costará aceptar que la frialdad, el distanciamiento, son condiciones necesarias para enfrentar situaciones explosivas, como el desafuero de Mas; el calor con frío se amortigua. Por ello le ha ido bastante bien aplicando esa técnica de entomólogo al tratamiento de la bancarrota en que el país se sumía tras el desastre de sus predecesores. Esa labor callada de recortar algunas extremidades sin que por ello el bicho deje de andar, requiere una minuciosidad poco frecuente en el mundo de los políticos.
El político al uso es más dado a la improvisación que al análisis paciente, a las alharacas que al discreto uso de las palancas del poder. Rajoy no es de aquellos; es una rara excepción fruto quizá de dos ingredientes tan poco comunes en esa especie como la timidez y el sentido de vergüenza ajena. Continue Reading ▶






