Viendo las imágenes de la tragedia vivida esta tarde en la madrileña Plaza de las Ventas uno recuerda aquello que llamaban pundonor. Tan en desuso ha caído que hasta la RAE trata su definición de cualquier manera. Vean: “Estado en que la gente cree que consiste la honra, el honor o el crédito de alguien”.
Es como decir que el pundonor, eso que muchos traduciríamos por sentido del deber, dignidad, decoro, orgullo, incluso como vergüenza torera, fuera una mera sugestión; la gente piensa que podría significar algo valioso, como la honra o el honor, pero realmente no tiene por qué ser así.
Y así pasa lo que viene pasando en la vida pública, ese espectáculo que sobrellevamos sin alternativa posible, como cuando no había más televisión que la llamada Española, allá por los sesenta del pasado siglo.
Esta aburrida función a la que nadie sabe cómo poner fin llega a infundir sentimientos menos nobles. Algunos se manifiestan a través de una decenas de caracteres en los teléfonos móviles, pocos pero los suficientes como para avivar rencores o bajas pasiones. Y así nacen los llamados twits con los que hinchas del baloncesto se acuerdan de Hitler si es judío el equipo que elimina al nacional de sus amores; o los que estigmatizan a la víctima de un asesinato cargando sobre su memoria aquello del “algo habría hecho”. Continue Reading ▶






