Conocí a Jordi Pujol en 1976. Le visité en su despacho del Paseo de Gracia. No recuerdo el contenido de aquella conversación, sí que la entrevista resultó agradable. Acababa de fundar Convergencia Democrática de Cataluña y estaba a punto de dejar de ser el primer ejecutivo de la Banca Catalana para dedicarse a fer pais.
Le preocupaba el control que los comunistas del PSUC ejercían sobre los movimientos de oposición al régimen agonizante. Y dentro de éste algunos pensaban que Pujol era el hombre a promover con la discreción necesaria para que no quemarle. Recuerdo a Samaranch, entonces presidente de la Diputación de Barcelona, comentándome con picardía tras pasear por las estancias del recién restaurado Palacio de San Jorge, hoy Palau de la Generalitat: “Le estoy dejando una buena sede a Pujol para el día de mañana”.
Dentro del nacionalismo histórico, Pujol, extraña mezcla de joven cristiano, médico y banquero, era poco menos que un arribista pese a los dos años que vivió en prisión por cantar La Senyera en el Palau de la Música ante unos ministros de Franco. Continue Reading ▶






