Dijo Mas anoche que si el Estado no le atiende internacionalizará su conflicto. Tal vez por ello habló en castellano, catalán, inglés y francés al hacer su peculiar valoración del referéndum. Y no lo hizo en alemán porque su jefe Pujol está en otra.
Lo de la jornada del 9-N es tan ridículo que no resiste análisis más profundo que el que quepa hacer sobre la publicidad de la coca-cola. Pura propaganda que, sin embargo, ha abierto un problema serio al país, problema cuya salida no sólo está escrita en las leyes.
Vayamos por partes. El gran éxito del que presume este insólito personaje es una filfa. Con todo el aparato propagandístico del gobierno que preside y las redes y movimientos sociales que subvenciona, tan sólo uno de cada tres ciudadanos llamados a las urnas de cartón dio su sí al estadito independiente. Menos de uno de cada tres; exactamente, el 32,8%. Y eso con sus propias cifras.
Pero dadas las circunstancias, la carencia de todo control, ¿por qué dar por cierto que dos millones y pico, corto el pico, depositaron algo en las urnas de cartón? ¿Acudieron a las mesas que la organización asignó a tan solícitos demandantes de información como Batman o Lady Gagá? ¿Qué sistemas de lectura, humanos e informáticos, utilizaron para contabilizar tan rápidamente las respuestas a papeleta tan compleja, tres preguntas nada menos, introducida en el cartón? ¿No hubo votos nulos pese al descarte obligado entre la primera cuestión y las dos finales? Continue Reading ▶






