Unos y otros se sirven de la hipotética fragmentación de nuestro ruedo político para acarrear votos a su favor. Los unos advierten sobre los peligros que encierra el fenómeno, comenzando por la inestabilidad; los otros lo cantan como el aire fresco que dará vigor al pluralismo latente en nuestra sociedad. Y ahí se quedan denuestos y ditirambos, que no son éstos tiempos de profundizar en nada.
Puestos a analizar cabría empezar por estudiar la capacidad e interés que aquí tienen las formaciones en liza para llegar a acuerdos sólidos de gobierno. Cuando se aducen ejemplos como el alemán y otros países nórdicos habría que matizar el cuadro con los efectos de la luz mediterránea, cuyo brillo aumenta las diferencias de colores y texturas hasta hacerlas prácticamente inmiscibles.
El ejemplo italiano es un puro espejismo. Por un lado, las coaliciones siempre fueron frágiles, en medio siglo cayeron y se armaron más de cuarenta gobiernos. Y por otro, allí tienen el Vaticano, que influye lo suyo a la hora de lograr equilibrios.
Aquí no tenemos esa cultura. Felipe González deslizó hace unos meses la idea de un gobierno de coalición entre los dos grandes, al estilo de las Grosse Koalitionen alemanas, y se armó la de Troya, sobre todo entre sus discípulos. Es probable que ahora los más conspicuos reaccionaran de otra forma a la vista de la probable fragmentación del panorama. Continue Reading ▶






