sobre Plácido Domingo como
ejemplo de conducta ejemplar en una
sociedad escasa de valores como el esfuerzo,
laboriosidad, la excelencia, o el mérito.
Su reconocimiento abriría nuevos horizontes
en una sociedad carente del espíritu emprendedor
que caracteriza a los hombres libres.
Plácido Domingo
No es el nuestro país de honores. Por no honrar, ni la bandera recibe el tratamiento merecido como símbolo de la Nación. No hablemos del himno nacional, la Marcha Real vacía de palabras con que expresar sentimientos más profundos que el “chun-ta, chun-ta” con que tantos acompañan los compases de la vieja Marcha de Granaderos. Los dos siglos y pico transcurridos desde su establecimiento como tales por Carlos III, no ha resultado tiempo suficiente como para ser respetados.
Algo similar está ocurriendo con hitos históricos, como la Transición de los años setenta que alumbró la Constitución de la concordia. La erosión del paso del tiempo, los abusos cometidos a su amparo y el torpe manejo de que ha sido víctima a lo largo de estos cuarenta años han puesto en entredicho aquella conquista de las libertades ciudadanas, más costosa y por ello valiosa de lo que ahora puedan suponer sus detractores.
Y qué decir de quienes destacan por valores que les hacen ser admirados a lo largo y ancho del planeta. Científicos, creadores, artistas, deportistas, muchos son los ámbitos de la vida social en que brillan españoles allá donde se cultiva el talento. Uno de los más relevantes es Plácido Domingo, músico, intérprete, gestor cultural y, sobre todo ello, persona de bien. Continue Reading ▶





